Nuevos inventos nacionales, como siempre de mano de los que tienen «la manija» temporal de las cosas y que se traduciría en un «índice a estrenar» para tratar los estados contables en función de la inflación. No es que lo que ya estaba realizado, y funcionó por muchos años inflacionarios, no sirviera; es que no conviene a los afanes de los que piensan en recaudar más, aunque más no sea mediante decisiones que no tienen otro sustento que eso. Meterles la mano en el bolsillo a los que todavía se puede pensar que pagan impuestos, como las empresas, y mucho más las que son las únicas bien transparentes de la economía: las que se avienen a tener todo tipo de controles, inclusive de los propios accionistas -sagaces- minoritarios, las que presentan balances trimestrales, las que deben informar de cuanta realización de cierta notoriedad van a realizar. Ergo, señor, las cotizantes en Bolsa, las llamadas «de capital abierto», aunque más que eso deberían titularse: las de «capital traslúcido». Se dirá: bueno, en su columna muchas veces critica cuestiones de los grupos de control, cuando no alguna trampa en ciertos aspectos... Esto no demuele, sino que refirma lo anterior, porque en los únicos casos donde se puede tener acceso a información es a través de las que presentan lo suyo públicamente. ¿Alguna vez intentó el lector descreído, hacerse de un balance de una que no cotiza? Pues varios casos que hemos inclusive presionado -diciendo que era un trabajo periodístico, para cotejar empresas de un sector- nos resultaron fallidos. Y en otros, casi con una recomendación del Papa. Que la competencia, que si conviene o no mostrar los números, en fin... todo aquello que sería de muy buena resolución si alguna bendita vez, estos «genios» económicos que nos toca soportar decidieran privilegiar a las que cotizan para incentivar a que más sociedades se coloquen en la diáfana vidriera. Pero no, deben de creer que las cotizantes están en el mejor de los mundos, y hasta -en cualquier momento- son capaces de gravarlas más... El asunto, que casi se nos escapa de la mira, estaba referido a lo que se analiza para no reconocerles la inflación a los balances. Como una especie de dádiva, se comenta que se dejaría ajustar resultados solamente por el primer semestre del año.Y que después funcionaría ese ratio especial, un engendro total, como que entre el número «histórico» y «la inflación» existiera algo más que no sea la simple adecuación. Pensarán que van a recaudar menos, y está bien, si este año fue un desastre para todos, ¿por qué inventarles ganancias a los que no las han tenido en términos reales? Lo que nos convence cada vez más de que no hay solución por delante, a menos que se presente Jesús de candidato (salvo, claro, que el voto después vuelva a quedarse con Barrabás), cuando no se rescata ninguno de los pilares básicos de una sociedad: el trato igualitario, la legalidad, las normas a respetar por todos, gobernantes o gobernados. ¿Invertir aquí? Hay que ser un loco...
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