31 de octubre 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

Que el Fondo nos dé una mano, que Lula nos brinde la otra, a ver si se arrima alguno más... Que sean solidarios. Una prédica que no está respaldada por antecedentes inmediatos de nuestros gobiernos. Porque lo primero que se hacía aquí, frente a algún país donde estallaba un problema financiero era colocar el cartel de: «Miren que nosotros no somos México». Cuidadito, che, no se confundan: «Que nosotros no somos Brasil». La gran preocupación era dar la vuelta al mundo pregonando nuestras bondades y, de paso, acentuando las desgracias ajenas. Quiso el destino, que paga las malas andanzas -como dice uno de nuestros tangos-, que nos tocara también la mala y que resultara mucho más extendida, terrible y expandida que las que tuvieron que aguantar aquellos a quienes casi les negábamos el saludo, no fuera cosa que nos confundieran...

También quiso el destino que un vecino muy aledaño cayera en las mismas fanfarronadas; en este caso nosotros éramos el objeto de la diferenciación y con palabras inéditas para un presidente se enojó mucho porque lo querían mezclar con la Argentina. Y al poco tiempo, la peste se extendió hasta allí. Todo un sainete que no tiene miras de cambiar, por más que algún nuevo mandatario se llene la boca en intenciones. Pero lo primero que dijo Lula, ya presidente electo, pasó por la meta primaria de dar trabajo a su pueblo. Ergo, Brasil redoblará esfuerzos, sacará incentivos fiscales y subsidios de las mangas con tal de atraer más empresas y -de paso- lancearse algunas de zonas cercanas. Por más Mercosur y buenas intenciones, nadie pretenda que un gobierno vecino resulte nacionalista para con los argentinos. Lo será, por lógica y sensatez, con su propia casa. Pero, como para fantasear estamos mandados a hacer, puede existir un breve romance en esa dirección y apoyar los más fascinantes argumentos sobre la mano que... difícilmente venga.

Adentro... ya sabemos como está todo adentro: una ebullición completa justamente en el lugar de donde podría emerger un próximo gobierno. Un montón de candidatos de cartón para llenar la carrera y confundir todavía más y atomizar una opinión pública que hace verdad aquello de que: en cada ciudadano hay un presidente en potencia. Habría que avisar acerca de que tal expresión es metafórica, porque solamente falta que el portero del Congreso se anote. Visto el triunfo de Lula, hay que dejar anotado que la primera reacción de sus mercados le resultó fuertemente adversa. ¿No le creen? ¿Le tienen miedo? Será un semblanteo permanente, de una persona que deberá pendular entre lo que prometió a la gente de abajo y lo que tuvo que negociar con la gente de arriba. Será un espectáculo para ver desde afuera, ya lo vimos desde adentro, y esto llevará consigo una carga de incidencia fuerte sobre nuestra tendencia futura. La región puso a andar la licua-dora, y el próximo licuado será el de aquí. Recemos.

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