Lavagna dice que sí, la Unión Industrial advierte que no, la recaudación se florea con sus continuos «récords», pero las quiebras de mayo también resultan de las más altas: ¿dónde estamos? ¿Sigue la economía para aceptar las proyecciones que le hacen?, cada tanto le agregan un puntito.
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O bien el llamado «veranito» ¿se está amesetando, como aseguran los industriales? Va a resultar dificultoso entender algo, cuando uno por uno se van captando todos los organismos bajo el verticalismo de un ministro al que le molestan las mediciones, o las simples apreciaciones que contradigan sus deseos. Probablemente, los ingresos masivos de balances a la Bolsa, de las sociedades más transparentes del país, pasarán a resultar el referente más confiable, e independiente de todo control político. Recién allí, trimestralmente, se podrá ir armando una postal de la realidad. Siempre y cuando, claro, no se entre en el facilismo de tomar las líneas finales y allí repartir buenas y malas, como si con esa sola cifra se pudiera saber cómo le fue a la empresa y al sector.
Para tratar de hacer un aparato de medición, sobre el curso de la actividad, de la producción, de la facturación, de los beneficios, hay que partir los cuadros por la mitad, y dejar de lado la zona baja. No porque no tenga que ver sino porque a los efectos del caminar genuino de los negocios, las variaciones planteadas desde un tipo de cambio alcista, bajista, o estancado. Como lo erogado en intereses por los compromisos del pasivo, no hacen más que distorsionar lo de la zona superior. Allí se puede establecer una verdad, más allá de los deseos de Lavagna, o alguna opinión con carga de interés sectorial, de agrupación oficial. Respecto del viejo tema de las «importaciones», da risa ver un recorrido de la historia: porque según quieran demostrar, o avalar una política económica, los distintos ministros han ponderado: tanto la suba fuerte de la importación, como las cifras muy bajas. La moneda siempre cae de «cara», acomodándose al presente de ese gobierno. La sustitución del importado, para reactivar lo local, es una de las cartas fuertes que se han puesto en la mesa. Pero, el capital de riesgo sabe que en la inestabilidad de base que todavía tenemos, sin arancelar fuertemente (o entraríamos en conflictos con socios del comercio), toda la ventaja competitiva se puede perder en poco tiempo, según se acomode el tipo de cambio. Ya con un nivel dólar como el actual, deprimido y sostenido, se han vuelto a ver avanzadas de ciertos productos, que se tienden a querer reacomodar al nuevo escenario. Impensable en el mediano plazo, además, que la Argentina pretendiera venderle a todo el mundo y sustituir importaciones, comprando muy poco a los demás. Donde los otros asuman su defensa, emplearán el mismo criterio: dejando de comprar, si no les compran. Esperar caridades, ayudas beneméritas de otras naciones, es mezclar los sentimientos con los negocios. Y en el capitalismo que impera: nadie hace eso.
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