19 de junio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Apenas un boceto todavía, pero el mercado bursátil parece querer demostrar que el principio de cambiar un estado de cosas, desde el principio keynesiano del «tironeo de demanda»: deberá poseer el efecto benéfico, que también parece pretenderse desde la economía y política actuales. Un modelo que funcionó plenamente en el mundo, desde la salida de la crisis del '29 y con mayor enjundia tras la Segunda Guerra, pero que comenzó a mostrar falencias y debilidades desde la década del '50. No tenía en cuenta una «inflación de costos», comenzando a generar problemas a lo que parece un «círculo virtuoso» que cierra plenamente. La presión sindical por mayores salarios, la teoría de las «expectativas racionales» de los individuos anticipando los hechos ante medidas puntuales, fue haciendo polemizar sobre el modelo y ya no estaba Keynes -muerto joven, en 1946- para defenderlo. Permaneció la «escuela» del notable economista, pero ya seriamente enfrentada a la «monetarista». No hay que ser un economista titulado para entender cómo han funcionado las cosas, solamente un lector de hechos históricos y de las distintas ponencias. Tampoco se debe ser economista para advertir que el modelo que fue la gran moda -especialmente del '43 al '73"- y que diera por resultado notables crecimientos, no ha resistido el paso del tiempo. Tampoco hay que ser un operador veterano, o inversor permanente, para darse cuenta de que es imposible sostener una progresión geométrica en la suba de las órdenes compradoras del mercado, cuando los ratios de las acciones solamente siguen una progresión aritmética. Y, en tiempos difíciles, las acciones llevan progresión lenta. Si en la vida económica un ritmo de producción no puede seguir al de la demanda espoleada, vía exceso de circulante, o de estimulante gasto público, o con incrementos salariales, el temido ciclo inflacionario se presenta. Y si en un ciclo bursátil el tironeo de demanda excede al caudal de papeles para alimentarlo, o se alejan los precios excesivamente de lo que razonablemente pueden prometer las acciones-empresas, la «inflación bursátil» se presenta: con el término de «burbujas».

Es como que el ciclo bursátil se está «adelantando» al que muchos creen ver que sobreviene en la economía, una vuelta al principio de la demanda y de sus tironeos, que comienza por mostrar su aspecto más feliz cuando se lo estrena, pero que está seriamente condicionado en el tiempo: a menos que se produzca la utopía, de ver a todos los factores alineados armónicamente y sin que unos pretendan predominar sobre los otros. En un mercado los peligros se ven más rápido y los remedios pueden ir focalizados, de un día para el otro. O se prescinde de esto y se deja que todo se «desmadre» por voluntad natural, hasta agotar las mieles y tratando de salir un tiempo antes. Se nos presenta un escenario que hace recordar tiempos lejanos, en la Bolsa y el país. El mercado ha ido al frente. Está probando. Llenó el tanque y apretó el acelerador. ¿Rebajará antes una curva?

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