10 de julio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

No resultaron muy auspiciosas, teniendo en cuenta el discurso de esta noche en la Bolsa de Comercio, las expresiones del presidente de la Nación al lanzar la campaña contra el hambre, donde no eludió una amonestación directa, con densas entrelíneas para los que quieran oír, hacia sectores empresarios -donde especificó a las privatizadas-, a los que «metamorfoseó» como haber estado subidos a las espaldas del país, para succionarlo. Y extendiendo la crítica al supuesto estado de indiferencia frente a los graves problemas sociales. No era un foro económico, ni recinto donde coticen empresas y capitales. Era el lanzamiento de una campaña social. Hoy estará dentro del ambiente al que todavía muchos siguen tomando como símbolo de clases privilegiadas, adineradas, y demás yerbas que se arrastran desde la lejana época de «La Bolsa», de Martel. En general, los presidentes contestan sobre la base de lo que les ha enviado el titular bursátil, como su propio discurso.

En la oportunidad, se puede aguardar un imbricarse de ambas alocuciones en diversos aspectos, pero también habilita a suponer que pueden surgir nuevos sermones y amonestaciones respecto de lo que allí se representa. Lo que colocaría en clima tenso a la reunión, por más que todos asumirían lo que se diga, dejando paso a los comentarios para los días siguientes. Lamentablemente, el Ejecutivo clava banderillas sobre supuestos responsables de la caótica situación, dejando expresamente fuera del arco a los verdaderos responsables: quienes dirigieron, desde el poder, desde la Legislatura, desde la Justicia y desde los organismos de contralor resortes del poder. No puede haber «pecado» en ganar mucho, o poco, y si lo hay, en haber utilizado privilegios inadmisibles fue porque se los concedieron expresamente. O porque no se controló correctamente el cumplimiento de lo convenido. Siempre, en cualquier caso, el que reparte la baraja, el que dicta las reglas del juego, es el gobierno de turno.

Ninguna empresa, en ninguna parte del mundo, hace lo que no le dejan hacer. Y varias veces recordamos que grandes corporaciones, fuertemente restringidas en sus países de origen, salen al mundo a realizar todo lo que allí no les permiten hacer, aprovechando gobiernos débiles o ineficientes, o corruptos. Existe la posibilidad de que nos estemos adelantando, de manera equivocada, a un discurso de esta noche que solamente venga a repartir felicitaciones y expresiones de adhesión al sistema. De todos modos, esto no invalida lo mencionado, porque está basado en lo expresado el día lunes, y en otro acto, pero lo más lógico es suponer que redoblará la apuesta, las líneas y las entrelíneas, al hallarse el protagonista en el propio símbolo del capitalismo.


Se profundiza la tendencia en la búsqueda de blancos fijos, descabezando instituciones o sistemas, denostando otros, para dejar expresamente fuera del círculo a los máximos responsables de la gran decadencia que se está viviendo.

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