14 de julio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Bien, la reunión por el aniversario de la Bolsa de Comercio, con una nave del viejo recinto al tope de su capacidad, reuniendo espectadores de todos los sectores que hacen a la producción, a las finanzas, a lo bursátil: en una palabra, con la esencia y el espíritu con que fuera fundada la entidad en 1854. Sumo interés por seguir los discursos, asumiendo la incomodidad esa multitud que convertía en estrechas dimensiones que quedaban holgadas. También en el mix de asistentes mencionados, donde no se vivió ambiente de otras reuniones y donde prevalecía el segmento relacionado con los anfitriones, quedando con bastantes ausencias de parte de otras ramas del país. Si se puede encontrar la crítica a la realización, es la tardanza en bajar del primer piso por parte de las autoridades, cuando se hacía difícil permanecer de pie aguardando por figuras que nunca llegaban. Compensado por la presencia masiva de miembros del gabinete y que hacían ver que existía interés, también de los visitantes, para darle marco sólido al acto. Otro tema que se notó, pero esto por imperio de circunstancias que tenían que ver al presidente de la Nación presto a salir de Ezeiza a las 23, fue la inocultable prisa que hacía imprimir ritmo febril en quienes veían que la hora se les escapaba. Pero, en el otro platillo, es también loable que se haya querido asistir al acto de la Bolsa de Comercio.

Lo demás, obviamente, pasa por el «aparato de medición» de cada uno de los asistentes. Nos pareció bien encarado el discurso del presidente de la Bolsa, sin calar ni excitar cuerdas que venían tensas de unos días atrás, sin solicitar nada, sino ofreciendo al sistema para que el gobierno no desestime el importante canal que significa una Bolsa de Comercio.


La voz presidencial, en su versión escrita, y en su faceta improvisada llevó a mostrar las dos versiones del gobernante: mostrándose mucho más cómodo y cálido, cuando deja lo formal de lado y tiende a querer que lo entiendan en un lenguaje más llano, directo. Eramos de los que teníamos ciertas reservas, acerca de lo que se iría a deslizar, especialmente por días previos que dejaba una incertidumbre que flotaba en el ambiente. Desde ese ángulo, la alocución no renegó de un modo de pensar y de encarar lo que se está haciendo, pero sin resultar agresivo ni arrojar amonestaciones. Nadie podía estar aguardando que llovieran rosas, ni lisonjas, pero a falta de éstas también se ahorró las espinas, que supo dispersar en otro ámbito. Sobrio, medido, colocando un pico de atención en todos los asistentes y buscando hacer ese agregado fuera del papel, que fue como un extra fuera de libreto y demostrando que no estaba sólo como un extra fuera de libreto y demostrando que no estaba sólo para cumplir. Posiblemente, el acto de festejos con mayor peso en estos últimos años, recobrando el sistema bursátil un espacio de atención que otros le venían negando (más aún, Duhalde, con su inasistencia de último momento).
Bien, por los dos.

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