16 de julio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Llega el tema de los «cheques diferidos», responde a las raíces del espíritu bursátil, aunque adaptando un instrumento netamente bancario: esto, ni más ni menos, se denomina «securitización». Palabra muy en boga en los '90, pero que ha desaparecido de muchos foros en estos tiempos.

Claro, hubo tantas modas en esa década «dorada» y donde muchos aspectos resultaban reediciones de viejas épocas, que cuando Wall Street tuvo un derrumbe de aquellos, alguna terminología tomó camino de los archivos. Aquí, no debe extrañar para nada, si en un momento estaba en duda el propio sistema bancario a qué pensar en instrumentos representativos.

La «securitización» es la irrupción formal, frontal, como un robusto ariete abriendo las puertas de un castillo, del sistema bancario mundial, en el ámbito de las Bolsas. Es la adaptación de instrumentos bancarios, a la forma de operar de un mercado bursátil. La gran otra moda, de los papeles de deuda, de las «on», resultaban décadas atrás canales del crédito tradicional. Fue uno de los notables espectáculos, antes del arrugue de los mercados en todos los frentes y de las crisis con distintos focos de incendios. Nuestros empresarios usaron, y abusaron, de la modalidad: como los prestadores resultaron sumamente permisivos, con tal de colocar dinero excedente que pululaba por allí.

Ahora, esta leve apertura a buscar liquidez de donde sea, sin crédito fluido, incorpora la forma del cheque dado a cierto plazo pero, consiguiendo el poseedor la liquidez inmediata en un mercado de oferta y demanda. Pagará un «premio» por poder acreditarlo antes, pero utiliza el capital sin tener que aguardar lo que no puede. Y esto es convertir una colocación de mediano alcance, en una dinámica rueda diaria con liquidez inmediata. Aquello mismo que se recitaba en los textos bursátiles, acerca del llamado «act of magic» que se produce en una Bolsa. Cuando nadie le prestaría a una sociedad dinero para un proyecto que demande unos años, esa sociedad emite acciones. El tomador concede un «crédito» a la compañía, para utilizarlo en sus objetivos, y sabe que podrá recobrar su dinero en cualquier momento. Se produce el «acto mágico» de convertir una inversión de largo plazo, en otra de inmediata liquidez: con las dos puntas llegando a la meta deseada.


Con tal premisa llegó a la Bolsa el gobierno, en la fecha del aniversario de la entidad, si bien estaba cuasi dado por hecho en el mini ambiente del sistema, que tal instrumentación se anunciaría muy en breve. Posiblemente, hubo quienes forjaron otras expectativas, de allí la multitud asistente, pero aquella lejana costumbre de venir al foro bursátil a disparar tres, o cuatro, primicias económicas, hoy un día se entiende que es muy difícil: porque las tienen.


Se podría haber ahondado en lo que está sobre la mesa de la coyuntura: qué se está conversando con el Fondo, los lineamientos, la postura local. A menos que, sea asunto de ciudadanos de otro país...

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