17 de julio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Finalmente, corrido ya el «San Fermín» de julio puede afirmarse que existirá un ejercicio perfectamente partido en dos. No tiene nada que ver la actualidad, con todo ese ritmo «in crescendo» que costó bordar durante el primer semestre. La bisagra aparece también muy definida, esa medida que nadie todavía comprende sobre el tapón al ingreso de dólares, la prohibición de salir durante un período, etc.

Todo aquello que instauran los países cuando saben que están en el candelero -como Chile, en su momento- y son miembros por el capital internacional. Pero, no cuando se está en el segundo subsuelo de la economía, como nosotros todavía, y con «golondrinas» que tienen del mejor grano comestible en nuestro vecino Brasil, a tasas fastuosas. La medida no es que no sirvió para nada, que es tan incolora, incomprensible, e inocua sino que sirvió para varias cuestiones: la que nos interesa, para cortar la formación de cierta tendencia creciente, en precios y en volúmenes, que resultaba la mejor figura -la Bolsa- que el mercado argentino podía mostrar al mundo.

Lo cierto es que, a partir de ello, todo fue un desinflarse triste en las órdenes, aterrizando hasta en los $ 15 millones efectivos del viernes, o los también lánguidos $ 17 millones del lunes. Una plaza que está sentada, meditando, en desconcierto y esperando por ver algo que le dé picante al desabrido comienzo del segundo tiempo. El modo de cruzarse tan cerca en las líneas de corte, de toros y de osos, resultaron un híbrido como el de la primera rueda y donde de toro, y de oso, surgió un elefante imposible casi de mover. Entre los «708» y los «713» del Merval, caminando por el alambre de la temida frontera inferior y a la que se había superado -recordemos- con suma agilidad, pasando de largo por los «800» puntos, desde mediados de junio. Si esos indicadores perforan tal piso, acaso habrá que ir perfilando la contracara del mercado del primer semestre.

Y es que si no llegan pronto algunas novedades que siembren algo de entusiasmo, por lo que vendrá, hasta ahora solamente se han tomado medidas efectistas para otros sectores, alejados de lo económico. Y mientras se insista en generar nuevos frentes (apoyados en tonterías tales, como: «Perón nunca fue a la Sociedad Rural») lo que aquí se mostrará en lugar de un plan homogéneo, será una serie de pugnas por cada uno salvar la ropa y el gobierno corriéndolos a todos, con una escoba. Está el controvertido convenio con el FMI, (que Dios quiera, no se pinche en algún punto), y de ahí otro motivo racional por el que puede verse una tendencia tan aplastada a inicios de julio. Pero, se acumulan hechos en una vereda, desnuda la otra, y no se percibe que exista alguna fuerte esperanza, entre diversos sectores del empresariado. Nadie arriesga a bajarle el pulgar a la estrategia, pero aquí importa más que varios se lo suban y -de esos- no se han visto más que en el comentario ante un medio, pero sin ratificarlo en charlas informales. La que vale.

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