Es buena la consigna del frente del IGOR -la entidad que agrupa a todos los inversores defraudados en el exterior- y a partir de «confiar es bueno, pero desconfiar es mejor...». Simple, breve, directa al grano. Una idea-fuerza que bien podríamos adoptar en el mercado local, tan predispuesto a digerirse sapos y vivos y salir por el atajo de «hay que tener esperanzas». Esa zona donde los cheques en blanco surcan el espacio, como si no fuera que es de entrada donde los gobernantes tienen que evidenciar su capacidad y eficiencia, amasando los errores que se enquistan en cada gestión. Pero, con mediciones de «popularidad» que no se sabe bien de dónde las compulsas, ni a qué universo se toma para la misma -pero, es sumamente «mediática» y nadie la discute, solamente la repiten-, o con aparatos legislativos que están dispuestos «a votarle lo que quiera el Presidente, para facilitarle la gestión», se abandona el control de lo que se hace en virtud de «hay que esperar, para ver qué resultados da lo que se propuso...». Lo que esté bien realizado funcionará de entrada, en el medio o al final. Lo equivocado, no caminará nunca. Por lo tanto, vale el análisis y la conclusión en primeros cien días de un nuevo gabinete, o en los cien finales (cuando ya todo es imposible de modificar). Para Hitchcock «la primera escena de una película es fundamental». Por más que muchos directores -que no alcanzaron su éxito- dejan que el film avance para dar lo bueno de mitad hacia adelante. Los primeros cien días, la primera escena de una nueva película argentina -que viene de varios «bodrios» seguidos- ha mostrado absoluto «dejar hacer» de una parte, con una serie de golpes de efectobuscando poder y apoyos electorales para candidatos exclusivosque no revistan en las prioridades, de una sociedad que tienen muchos puntos delicados para encaminar. Todavía persiste el «vamos a ver hacia dónde va», mientras las semanas pasan y los acreedores que refuerzan sus ligas de reclamos, son los únicos que nos llaman a la realidad. Mirar en derredor, en seguir observando un país que trata de mover su economía sin crédito -detalle esencial-, que dilata situaciones de fondo y de Fondo, que ve un aparato industrial apostrofado desde distintas metáforas. Privatizadas dentro de un «apriete», con resultado peligroso, los mercados en un deslizarse sin ton ni son. Y un cordón de carenciados que cada vez cobran más presencia y redoblan pretensiones, sitiando la Capital cuando les viene en gana, amenazando con llegar a ser una milicia civil, detrás de quien tantas promesas les han hecho llegar. De muchas escenas obviables se ha comenzado la película, los espectadores comienzan a moverse en la butacas, incómodos, pero todavía esperando junto con el director, que la trama llegue al nudo: aunque el prólogo ha resultado, ciertamente, mediocre. Setiembre cumple con lo previsto, la plaza bursátil se cae y se rehace y las ruedas son un choque entre realidad vs. esperanza.
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