Se continúan sucediendo los comentarios de las sociedades en sus balances, dirigidos básicamente a sus accionistas, donde lo que se expone choca de frente con aquello que baja desde la esfera oficial. Inclusive con lo que algunos voceros privados desean que tome cuerpo en la población. Hoy vamos a reseñar ciertos párrafos de uno de tales balances; es una empresa industrial de carácter mediano, pero líder de su sector y con buena presencia de sus productos en el exterior. No importa el nombre y lo que interesa es que la esencia se puede hallar en muchos de los balances de junio enviados a la Bolsa, refiriéndose a lo que perciben desde el lado de adentro los que deben batallar diariamente para sostener su producción, sus ventas, sus proyectos...
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
«Desde la perspectiva de las empresas, se observa que la falta de crédito, la presión fiscal, el potencial ajuste de las tarifas del servicio público, las dificultades logísticas para exportar y la falta de seguridad jurídica, entre otros temas, auguran tiempos difíciles. La posibilidad de lograr nuevas inversiones en el país que promuevan la generación de empleo genuino no parece de fácil realización en el corto plazo. La profunda crisis social que padece la Argentina hace aun más difícil el panorama...» sería el diagnóstico. Pasemos ahora a aquello que observan como imprescindible para que la niebla levante el año siguiente.
«El año 2004 requiere la definición de un programa económico y de gobierno que explique claramente los lineamientos para lograr crecimiento, generar inversiones, reducir el desempleo y resolver los problemas generados por la pobreza. Un plan en materia de salud y educación y, además, cómo se pagarán los compromisos financieros en el exterior...» Esto no está fechado a inicios de año, ni siquiera en el cambio de gobernantes, sino que pertenece a inicios de setiembre de este año. El pedido de definiciones de programa económico resulta antagónico, hasta ahora, con esa suerte de regocijarse en no presentar programas y bajo el tonto argumento de: «Antes presentaban planes y miren cómo nos fue...» Esto nos trae a la memoria los inicios de otros gobernantes de esta era y que arrancaron pisando en el aire, como Alfonsín y Menem, salvados pocos meses después con el advenimiento de dos planes, que proporcionaron los momentos del cambio inmediato, por «shock», y variaron las expectativas racionales de un viernes para un lunes. Condimentos novedosos, en ambos, pero dentro de lo que aparecía como un «plan» trabajado y donde las piezas encajarían una dentro de la otra. Que después se hayan dilapidado tales momentos, por un sinnúmero de cuestiones, no hace a la esencia de lo que decimos. Acaso se esté recorriendo un mismo camino ahora: primer curso del nuevo gobierno, una serie de trabajos gruesos, para estrenar otro gabinete, otras caras... que vengan con un «plan».
Dejá tu comentario