1 de diciembre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Mientras, el jueves pasado, en los Estados Unidos se «mataban» comiendo pavos en Buenos Aires, y ante la salida de circuito de Wall Street por el feriado, se intentaba colocar la bandera en el índice Merval y dar por cerrada una etapa. Como sintiendo el clásico ahogo por los aires de las altas cumbres, las ruedas venían ganando centímetro a centímetro el tramo final, con espectacular cambio de ritmo en mitad del período y bajando de $ 60 millones a la mitad, de un día para el otro. Ya el suspenso se iba extendiendo demasiado, suplantado el de llegar a los «1.000» puntos, por uno nuevo: saber qué nos aguarda, más allá de esos cuatro dígitos. Y si es que existe un techo tácito, reconocido por las fuerzas inversoras, o bien, que tal techo resulte funcional a la falta de competidores y de alternativas.

En el primer caso, habrá una etapa depurativa intensa, una zona de «distribución» de lo mucho ganado en el año y, después una vuelta al reacomodamiento. Pero, si se da la segunda posibilidad: el Merval tendrá terreno libre para desarrollar sus ramas más largas, en vistas de un contexto donde las colocaciones de dinero prosiguen ausentes por falta de canales rentables y confiables. Es esto el planteamiento que ya muchos se hacen: intentar adivinar en qué escenario se desarrollarán los negocios, una vez alcanzados y consolidados los «1.000» puntos, que ya son pasado, aunque no hayan llegado. Será momento de decisión, tanto para vender bien, como para comprar bien. Y, el que se equivoque, puede perder bastante. Y será natural que así ocurra.

Así como refrescamos una acertada definición, en este caso de
Frank Borman, y que parece no querer entenderse en nuestra sociedad, que dice: «El capitalismo sin la quiebra, es como el cristianismo sin el infierno...», algunos también tendrán que grabarse que: una Bolsa sin las bajas, sería como tal capitalismo sin quiebras, o como el cristianismo sin infierno. Hay premios y castigos, según se acierte en el mercado y la proyección del mismo. No es preciso ver «manos negras» por todas partes, simplemente saber entender cuándo uno se ha equivocado de tendencia siguiente. Y esto, es lo que espera, una vez hecho costumbre el Merval llegado al milenio de valorización.

Si se comienza a sacudir el árbol, para que caigan los frutos maduros, rodarán unas cuantas carteras que no hayan tomado la prevención. Ahora, si todo se resume a buscar nuevas causas, entre las argumentaciones que proporciona el propio mercado, se podrá continuar en una espiral ascendente, confeccionada por el mismo ambiente y adaptado a las nuevas marcas. Si se razona que «1.000» es poco, porque en dólares es mucho menos respecto de picos históricos: se deberá reconocer, también, que casi duplicar la inversión en menos de un año es mucho, para como está todo en el contexto.
¿Y...?

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