6 de enero 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Ya se empieza a discutir acerca del rumbo que tomará la Bolsa a lo largo de 2004, cuando en su primera demostración del año se quiso llevar los paneles y las butacas por delante. Es bueno discutirlo, es lo que les dará forma a las «contrapartidas» y si se forjara una suerte de división de aguas, podría observarse un mercado que tuviera a salvo lo imprescindible: los negocios. Después, quién será el que le tuerza el pescuezo a quién quedará en manos de la lucha entre los «toros» (alcistas) y los «osos» (bajistas). Como observadores, no participantes en la contienda, nos aferramos al elemento del capital de riesgo en danza para asegurarnos de que sea un ejercicio entretenido y con materia para poder cortar.

Y lo único que esperamos que no suceda es ingresar en la zona del «principio idiota». Esto se descubrió en la época de la llamada «tulipmanía», con los bulbos de tulipanes en Amsterdam -1630- y cuando algunos caballeros serios obtuvieron préstamos sobre sus bienes nada más que para adquirir bulbos de ordinaria calidad, pero sabiendo que en un par de semanas alguien vendría a pagar por ellos un precio mayor. En la década de los '50, en Wall Street, un corredor refundó la teoría y la llamó «el otro principio idiota». Esta quedó redactada como que «un especulador compraría determinadas acciones a un precio ridículamente alto, porque sabía que algún otro idiota se las compraría a un precio todavía mayor...». Por instantes, en ciertos pasajes de la gran escalada y hasta en la primera rueda de 2004, nos pareció ver fantasmas holandeses acaparando bulbos de tulipanes o especuladores neoyorquinos de los '50 tomando posiciones de modo alegre, sin importar demasiado la puja por conseguir mejor precio.

Dentro de la legión de los entusiastas por la suba 2004, los pronósticos parten de 30% de mínima, hasta los que observan otra duplicación de valores, como en 2003. Es posible que todo parezca poco, proviniendo de un año donde se trepó más de 100% (en tal sentido, hablar de un «apenas» 30%, hasta puede causar desilusión), pero, ojo, que obtener 100% en un año corresponde a lo excepcional y no a lo corriente. Y si hubiera que firmar con el diablo una suba de otro 30%... hacerlo está bien; la Bolsa no arranca todos los años de un punto cero; arrastra su pasado y cuando se ingresa en el terreno de una suba
acumulativa, aunque sea baja, al verla de modo independiente, se hace imposible de sostener en el tiempo (tan imposible como los increíbles 15 años de Lavagna creciendo a 4 por ciento anual...). Hay otra cuestión: cuando se trazan pronósticos hacia las acciones, se establece «siempre y cuando las condiciones sigan siendo favorables en la economía y en la deuda, etc., etc.». Pero es que tales escollos son mucho más altos que cuando se pasan de largo hablando. Y será un año sumamente delicado en varias situaciones de fondo, como para no incorporarlas de lleno en el riesgo.

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