17 de febrero 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Una brisa más fresca, como si el gobierno quisiera entrar en cierta zona más razonable para abordar problemas que acucian, es lo que dejó como saldo otra semana de novedades corridas. Avanzando sobre el destrabe de tarifas, la desprolijidad con que se lo realiza, va acorde con el estilo que se está llevando. Pero marca un punto de cambio de rubro en tal sentido. Obviamente, con presiones que se hacen ya insostenibles, se lo brinda como un simple acto ya calculado por las autoridades: que no es cuestión de andar perdiendo imagen. El menú con alguna otra salsa, que se quiere presentar a los acreedores, es también un pasito en la dirección que se le solicita: que probablemente no vaya a emocionar a los acreedores, pero tiende a quebrar hielos más gruesos que los del Perito Moreno. También aquí se ensaya la actitud de no bajarse en una meta demasiado declamada, los de 75% de quita, aunque se busquen ciertos caminos que puedan pasar como que no se ha abdicado. El apoyo del empresariado a la gestión -un poco tarde para explicar la estrategiase podía dar por descontado: la noticia sería que, alguna vez, esa comunidad productiva ensaye alguna oposición a lo que desean los gobernantes. Así que el escenario sigue siendo turbio, pero la lluvia anduvo amainando. La Bolsa pareció notar que se alejaba de lo peor y se puso a instrumentar una mejora. Todavía precaria, sin mayor sustento, aunque para intentar tranquilizar sus aguas encrespadas.

El efecto balances no pareció traer mucha agua para el molino de los precios, en algunos casos fue lo contrario, y se sumó el aumento tarifario como factor desconocido en lo que hace a tejer las perspectivas. La incidencia sobre los costos de muchas sociedades, por el aumento del gas, habrá de plantear diversos criterios. Pero casi todas las industrias que dependen de ese insumo, o deberán resignar margen de utilidad o trasladar a precios la diferencia. Una disyuntiva entre quedarse con menor ganancia operativa, o correr el riesgo de una demanda que decline y la posibilidad de quedar fuera del mercado. Siempre, además, con el peligro de que los pronósticos inflacionarios comiencen a quedar rezagados.

El Merval en 1.089, del cierre semanal, quedó como un promedio entre el piso teórico de los 1.000 puntos y ciertas cumbres del año que se fueron hasta 1.250. Ni tanto ni tan poco, aventando el peligro cierto que existió de perforar esos cimientos y retornar a un índice de tres dígitos. Hay mucho todavía por resolver, en ramo de inquietudes que los gobernantes fueron dejando correr, y le hizo bien a la plaza bursátil rebajar la marcha alucinante que llevaba y que no tenía un techo lógico en cuál poder pensar. Como más consonante con el contexto, se buscó recomponer líneas y en eso se trabajó durante el pasado período. No sea que por querer caminar más rápido que el auto se vuelva a salir por el parabrisas.


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