Va y viene, pero siempre buscando ese ritmo promedio en los $ 70 millones de efectivo para acciones. No lo ha consolidado todavía, se producen zonas de abulia y con el volumen decayendo hasta marcas que se podían creer abandonadas ya, entre los 40/50 millones de pesos. El curso del año ya ha marcado esa banda de máxima y mínima, donde el medio puede estar rondando los $ 70 millones. Y el mercado se mueve cómodo con ese caudal, no dará para hacer lujos, ni intentar el «sprint» de medianoche, pero tampoco para ver que se agrieten los soportes como en el Perito Moreno. Está bien, camina, no se traba casi nunca, hay entrada y salida con bastante agilidad. Parece razonable esperar que esa cifra actúe como de piso de realizaciones, para después querer mirar más arriba, tanto en negocios como en cotizaciones. Claro que, del imaginar al hacer, sorpresas nos dará siempre la Bolsa, y esto está en función de aquello que se mueva en torno de ella, en un país capaz de generar cantidad de temas de cierto peso, por semana. Cuando se intenta una hipótesis, no queda otra que tomarse de lo conocido, trazar un escenario más o menos estable en lo político y económico, dejando afuera todo lo que es una variable desconocida, y que no pasa por la Bolsa poder gobernar. Los balances prosiguen, ahora que estamos viendo ya las «memorias» de diciembre diciendo que hay que resolver cuestiones pendientes en la estructura del país, que claman por la falta del crédito local, que aguardan por acuerdos más definitivos con el exterior, etcétera.
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Puede que se los trate de « llorones», tal el nuevo apelativo técnicocientífico que emplea nuestro ministro de Economía, seguramente no extraído de alguna obra de Ricardo o de Keynes. Pero es lo que hay, la permanente falta de brillantez que se advierte para trazar planes y propuestas imaginativas, que cambien el curso de las expectativas, que no insistan en un dejarse llevar a lomo de los commodities y dejando traslucir claramente que si se producen caídas por esos inestables ingresos apelarán a cualquier racimo de impuestos sobre los denominados « pudientes». Fórmula tan primitiva como la misma humanidad, pero que en la Argentina se da como « replay». • La Bolsa, para no irnos de ella, continúa su notable caminar por los alambres de la tendencia, sin una base sólida que despierte convicciones de futuro, pero sacando partido de su soledad en cuanto a las alternativas para la inversión. Hay una película denominada «El difícil arte de separar a la gente de su dinero», cómo hacerlo sin apelar a groserías como corralitos, planes BONEX o corralones, porque eso no fue arte, sino violencia pura. En lo otro, es de qué manera seducir y conseguir que el capital de una persona esté dispuesto a separarse de su dueño, para colocarse en alguna otra parte. No se consigue mucho argumento por ahora, sólo que la Bolsa -y ciertos bonos-son aptos para conseguirse un premio al riesgo. Para gente templada.
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