24 de marzo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Las nueva colocaciones por llegar, llámense Aerolíneas, Autopistas del Sol o Cotto pueden convertirse en el mejor acontecimiento: en el año del «150° Aniversario de la Bolsa de Comercio». Serán, ni más ni menos, incursiones «pioneras» ( encomillado el término) y capaces de quebrar con la funesta secuencia de sociedades que se van de la nómina bursátil. No serán ellas solas, sino que todo el parque empresario de empresas de capital cerrado estará atentos a lo exitoso de esa OPA inicial. Y en caso de resultar más beneficiosa que lo previsto, posiblemente algunas otras puedan ir dirigiendo sus pasos a la cotización pública: el mejor de los canales para financiar y fortalecer sociedades, utilizado con toda energía en las economías desarrolladas y aquí: mirado como si resultara un extraño monstruo financiero.

La falta de crédito interno, las dificultades para obtenerlo en el exterior si se lleva bandera argentina, lo comprometido que está el gobierno con acreedores de sus títulos públicos: han adelgazado las alternativas y puede ser que -por necesidad-se vayan acercando. El ideal sería que se atrevieran con vocación, pero es demasiado pedir por el momento y cuando se viene de varias décadas de una tendencia inversa. Bienvenidas sean las que hicieron punta ahora, con rubros y envergaduras distintas, pero ampliamente conocidas dentro del complejo económico.

La hipótesis de mínima, que no se cubran las expectativas en la colocación, tendrá más, o menos asidero, en función de lo que resulte el escenario general del país y la propia tendencia bursátil. Si estas colocaciones hubieran ocurrido durante 2003, muy posiblemente el éxito estaba asegurado. Pero el año anterior resultó el despertador de la intención con el espectacular desarrollo de la plaza: no se puede solicitar virtud de «adelanto», a los que nunca estuvieron dentro del circuito de riesgo.

Claro, no todo es ingresar y colocar, contar los billetes y ... que se las arreglen. Habrá que incorporar esas acciones y
cultivarlas a diario, desde las propias empresas, forjando un prestigio y un cuidado por el accionista.

Como dijera Rivadavia, al tratar de fundar la Bolsa Mercantil de 1821: «Mientras en el mundo las Bolsas son fruto de la civilización, aquí debemos introducirla y cultivarla». Y en el punto primero marcaba: «La estabilidad de esta clase de instituciones depende íntimamente de la constancia o consecuencia, de los miembros del comercio». Condiciones imposibles para aquella época, pero que -en buena parte-no se han podido conseguir nunca. Es una buena ocasión, si las variables no se doblegan, para intentar de nuevo que los empresarios -y los organismos atinentescomprendan para qué es de utilidad una Bolsa:
y cultivarla en todos sus aspectos.

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