25 de marzo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Está muy turbulento el mundo -sin necesidad de que aparezcan ovnis en Marte, para colmo-y esto se está haciendo sentir en los mercados de riesgo. El lunes resultó otra jornada de bajas de carácter muy duro, desde Nueva York a Buenos Aires, y esto no deja liberado a nadie dentro del sistema globalizado. Los que pierden en una región, se cubren con la que siga resistiendo, produciendo una debacle a lo largo de la cadena, y el que se queda poniéndoles el pecho a las bajas, termina por rodar peor que otros. En esa fecha del lunes bastante negro, el Merval decayó más de 1,2% y después de estar 3% arriba de sus mínimos y de casi alcanzar, en el intradiario, una nueva centena: la del 1.300 puntos. Pero, se replegó puntualmente y volviendo a mezclarse los síntomas globales con los locales, sin que se pudiera acertar nítidamente acerca del origen del giro dado.

Era día de confirmación del «acuerdo» por el FMI, especie que pareció ser «festejada» nuevamente -aunque era ya casi una noticia vieja-, pero la sesión salió chamuscada como el resto de los mercados. Se perciben los focos de intranquilidad que recorren las regiones, todavía fresco el atentado en España. Se le sumó la enorme tirantez creada por la ofensiva israelí, con promesas de revanchas inmediatas, y un mundo que tiene un ojo sobre la economía y otro sobre la seguridad de cada país. No es terreno fértil para que crezcan radicaciones de capital, salvo en la vorágine del corto plazo, y que tanto coloca, como quita, con total premura.

Es un 2004 con manijas varias, como el objeto con que se juega al pato, y no basta asirse de una porque puede haber tironeos de las otras. Nuestra plaza siguió denotando un querer seguir subiendo, alcanzar antes del fin de marzo la marca de los 1.300. El volumen se entona y desentona, pero más amplio y buscando volver a elevar la mira y el ritmo del mercado. A favor: la falta nuevamente del vendedor importante y apurado, serenados más los ánimos desde los episodios del default. Y prosigue la falta de alternativas, como para que una mínima parte del caudal ocioso en capitales pueda recurrir a una posición en acciones, como para hacer una diferencia.

Ayer decíamos acerca de la llegada de nuevos títulos a la cotización y la importancia de que exista terreno esponjoso para asumir las OPA que se lanzarán y el inmediato desarrollo de los nuevos papeles. Lo fundamental de todo esto, en función de lo que pudiera venir detrás, y lo que pueda enturbiarlo todo, parece provenir por momentos más de afuera que de adentro.


Insistimos con los $ 70 millones de ritmo crucero, como para que el mercado no deba superar apurones. Esto ayuda al recambio ordenado, que se desbanda cuando el volumen hace lo mismo imprevistamente. O se lesiona, en las ruedas donde las órdenes se ausentan. Nada está claro para el mercado mundial de riesgo:
es un problema.

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