El señor Guillermo Nielsen completó días atrás la batería de atentados contra las leyes de los mercados y no tuvo ningún reparo en afectar una declaración: opinando sobre el precio alcanzado por bonos argentinos. Al día siguiente, detrás de lo que dispersó un funcionario del gobierno nacional, se produjo una caída de 5,5% sobre esos papeles de deuda. Si existiera una CNV celosa de sus deberes, al menos de los que eran originales cuando se creó el organismo, debería haber intervenido con amonestación severa para quien intervino en la libre formación de precios: con una clara intención de devaluar las cotizaciones, y perjudicando claramente a poseedores de bonos que estaban dispuestos a correr con los riesgos naturales, pero no con un meteoro de las finanzas que saliera con la lengua de punta, a deteriorar y desequilibrar la plaza. Algunas, varias veces, en el historial accionario, se habían producido opiniones de empresarios que salían a desagiar en el concepto a las acciones emitidas por sus sociedades, o calificando de «muy caras» o «muy baratas» a esas especies. Nunca hubo sanciones serias para ello y, con el correr del tiempo, se hizo costumbre que los funcionarios oficiales de turno emitieran conceptos incidentes acerca de los mercados (recordar a Cavallo recomendando, efusivamente, adquirir papeles en la Bolsa).
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Pero, ya con la tensa situación que se vive acerca de haber repugnado compromisos de pago y de propuestas unilaterales a los poseedores de bonos, que surja una intervención tan grosera juzgando de equivocados, o de crédulos, a los que estaban pagando «equis» nivel por esos papeles oficiales, llegó a un punto inimaginable. • Sería bueno preguntar a nuestro ex director de CNV, que resultara premiado por la «ética», qué opina acerca de tales incursiones para quebrar las leyes de oferta y demanda. Y si esto le parece, o no, un asunto sumamente delicado y que mercería la intervención de la entidad. No vale decir que todos los papeles públicos dependen de la órbita del Central así como, insólitamente, el sector de los bancos contizantes no entran dentro del mismo régimen legal de la CNV: sino que se mueven de acuerdo a esas directivas del Banco Central, por oposición a las especies comunes. Es una extraña mezcla de disposiciones, donde se ha perdido de vista la médula del asunto: qué significa la cotización pública. Como dentro del paquete de incorrecciones continuadas que se fueron acumulando -como pedir identificación de poseedores de títulos anónimos, para ver si se los considera acreedores aptos-o discriminar por el tipo de entidad de que se trata, en vez de asumir el compromiso y sin discriminar acreedores, esto de Nielsen pasa casi como un hecho natural. Y es lo peor, casi como para rogar: « perdónalos, Señor, no saben lo que hacen...».
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