13 de abril 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

La Bolsa es una buena representación práctica de aquello que se denomina el cambio de las «expectativas racionales». Varias veces, dentro de un ejercicio, se pueden ver esos sesgos violentos, el apagarse o encenderse una luz: y, de paso, cuando la mayoría menos se lo espera. Se podrá hallar en la estadística pura alguna rueda, o un par de ellas, capaces de decir: aquí cambió el humor del mercado. En tal punto, muchos que parecían ser decididos tomadores voltearon a resultar vendedores. Y los que gobernaban con su sola presencia, por el poder de las órdenes que emiten, se encuentran con la novedad de verse saturados de oferta en los intentos por ponerle un alto a la tónica bajista. Respecto de aquella rueda «testigo», de las que por sí mismas encierran mucha incidencia, hemos extraído de la estadística la de los $ 103 millones de efectivo. Todavía enero, todavía el mercado poseía ínfulas de ir por mucho más ( recordar que no eran pocos los que veían al Merval caminando por un 1.500, ya hacia marzo), pero esa jornada resultó de pleno dar de posiciones y el inicio de un desarme de carteras. ¿Qué sucedió para que se produjera esa variante en las expectativas? Son de las preguntas sin respuesta precisa, solamente aproximaciones, deducciones. Pero interpretar de qué modo un montón de inversores va en la misma dirección. Y cómo es que los que iban hacia un lado van yendo hacia el otro implica tanto la actuación de varios «punteros» poderosos seguidos por la simpatía de la masa, que va siguiendo a los líderes y primero actúa, para después indagar.

Varios hechos pasados se encadenaron a lo largo de las semanas, para que surgieran nubarrones diversos en el país. La capacidad de «anticipo» de lo bursátil, de alguna manera, se puso de manifiesto, cambiando sus expectativas antes de que cundieran esos hechos preocupantes. No debe mirarse nada más que a lo sucedido en abril, o finales de marzo, para encontrar el giro dado. Está más atrás, en los instantes donde los promedios de negocios se fueron haciendo cada vez más delgados. Hoy en día, volver a ver una fecha con $ 70 millones de efectivo para acciones resultaría todo un acontecimiento, y ésa era en un pasaje, una suma promedio, de «crucero», luego abandonada.

A menor tracción, menor velocidad: parece una ley sumamente lógica, que la plaza se fue encargando de cumplir. Se detuvo la marcha casi, se merodeó por una zona del índice, pero estamos en mitades de abril y el Merval se amesetó en los 1.180 puntos, con máxima aspiración de disputar los 1.200; no mucho más.


Si aparecen estímulos positivos, las expectativas racionales podrán volver a cambiar, porque se sigue gozando de un terreno de inversiones sin que existan canales tentadores. Es la carta a jugar, para el resto de un mes que se puso muy arduo para transar.


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