Lo hemos destacado muchas veces: 150 años de historia bursátil en la Argentina adquieren relevancia por simple cronología, pero, en un ponderado con otros países de menos avatares de todo tipo, no sería difícil que nuestra Bolsa de Comercio gane la competencia. Bien, si esto es ponderable, ¿qué podría decirse de una emisión diaria radiofónica, que acaba de cumplir medio siglo de puesta en el aire? Un 1 de setiembre de 1954, nuestro siempre recordado don Felipe Chiaramonte inauguró el « boletín radial», que ha permanecido indemne a las inclemencias de todo tipo, para que -en la persona de su hijo, Horacio Chiaramonte- ayer se haya podido festejar ese ciclo ininterrumpido. Horacio no dejó que, ante la desaparición de su padre, ese boletín que, con mucho esfuerzo muchas veces, se había podido sostener en la información bursátil, dejara de emitirse. Y ha conseguido completar medio siglo, manteniendo la característica original que le había imprimido su creador: ser breve, preciso, apuntando a los datos esenciales que un inversor requiere. Actualmente, el que bien puede ser denominado como «el primer boletín» relacionado con el tema se difunde desde radio «Splendid» y va de lunes a jueves, a las 18, dentro de otro tradicional espacio, de González Rivero («La danza de la fortuna»).
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Al tener que asociarnos a este festejo, y rememorando a don Felipe Chiaramonte, es como que uno remueve dentro del arcón de los buenos recuerdos. Se encuentra dentro de una Sala de Periodistas de la Bolsa de Comercio, donde alguna vez comenzamos para Ambito Financiero y acompañando al titular de la página en aquel entonces: el también cálidamente recordado Leopoldo Melo. Y había allí un terceto de notables del periodismo bursátil, formado por Chiaramonte-Lancelotti (quien escribía para «El Cronista» y perdón si escribimos mal su nombre) y el autor de una columna sumamente leída en «El Economista», que firmaba como «El hombre de la Bolsa» (N. Foppiano).
«Boris» Voiedka, para «La Prensa». Salas y Gil armando las notas de «La Nación» y, más allá, buscando información para sus páginas de «Mercado», Luis García. Nos trataron como si toda la vida hubiéramos estado con ellos, marcándonos algunos secretos de la profesión, dándonos una mano también, hasta poder tomar el ritmo. Hasta poco antes, el propio Julio Ramos estaba en la Sala aquella, escribiendo su columna para «La Opinión», como «Papiro». Después, acaso en parte por la tecnología, y la decadencia del sistema, ese recinto se fue despoblando de periodistas dedicados «a full» a la rama bursátil. Para que no se enoje, como toda la vida, debemos destacar entre aquellos decanos a Marcos Alvarez, con su información para «Crónica». Unos se fueron, otros desertaron, pero siguen quedando los que junto a la Bolsa siempre aportan lo suyo para difundirla.