Es una buena pregunta, tal como ha variado el ordenamiento económico -y de riesgo argentino respecto de una media normal: ¿qué es más riesgoso aquí, comprar acciones de empresas, o bonos de deuda estatal? No deberíamos ensayar la respuesta sino concretar algún tipo de sondeo sobre ejecutivos en administración de carteras. Claro que muchos de ellos, o todos, estarán condicionados por la propia cartera que representan. Y no conviene que las palabras contradigan a los activos que han integrado. No es fácil poder arribar a opiniones puras, desprovistas de cualquier interés, pero se pueden acumular los argumentos que se vayan ensayando en pro de las respuestas. Uno, sin interés en ningún activo de los presentados, y a simple opinión de observador de superficie, podría suministrar una respuesta. En nuestro caso, creemos firmemente que el Estado ha dejado de resultar confiable. Y que si las primeras veces, como en el Plan BONEX, hubo serios avasallamientos a los derechos de los compradores de sus títulos: al llegar al default concreto, han pasado a resultar papeles mucho más riesgosos que cualquier título de venta variable. Pero, esto implica a los que cayeron en el default, o los emitidos después, entre unos y otros dista la fecha de lanzamiento, o de vencimientos: pero, detrás, hay más de lo mismo.
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Títulos al 2012, 2013, o aquellos que se quieran dar al 2030... ¿cuál es la garantía real? Solamente, en la práctica, del gobierno de turno que los emite. ¿Y quién estará en funciones en años futuros? Si se ha podido derribar todo principio de la deuda soberana, de la continuidad en los compromisos, ¿quién puede decir que no habrá otros default, declarados por otros gobernantes que se vean en emergencia? Las empresas, las acciones, siguen allí. Salvo algunas pocas -fallidas-y otro grupo que se retira por voluntad, pero pagando su derecho de salida religiosamente, las acciones son una parte mínima de un activo y el acceso a derechos que no se vulneran. Es un caso muy peculiar que en nuestro medio el activo de riesgo puro sea el más confiable, mientras que el de renta fija resulte una aventura de impredecible final. Pero, ya se ha visto también que el único sistema que quedó fuera de todo litigio, dentro de nuestro espectro financiero y bancario: ha sido el de la bolsa. Siempre se ha podido entrar, salir, convertir el título en dinero, realizar los cobros correspondientes: mientras alrededor de la bolsa, todo se prendía fuego. Sin embargo, también es un hecho que las acciones hayan captado mínimas porciones del capital de riesgo que pueda estar flotando: volviendo las carteras a empapelarse con lo mismo que las ha vulnerado. Informate más
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