30 de noviembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Perdiendo terreno de modo acelerado, ya cerrando el capítulo de noviembre, hasta el viernes pasado nuestro índice marcaba retroceso mensual en torno a 8%. Y el total anual se había venido a menos, conservando todavía casi 11% sobre finales de 2003. De inmediato, quedando en modesto cuarto término, al tomar referentes americanos habituales. Con el índice de México a la cabeza (36%), con el IPSA chileno rozando 20% anual de ganancia, tercero el Bovespa casi en 12%; cuartos, nosotros.

Noviembre tuvo comportamiento complicado, llegando a insumir más de $ 100 millones por rueda, hasta resumirse a una cuarta parte el viernes pasado. Y la tendencia que vio florecer los precios, formando un «serrucho» adverso y donde las bajas nuevas fueron más bajas que las anteriores al repunte temporal. Esto es un plano para los operadores, los amantes de la técnica y sus figuras; nos preocupa más el componente psicológico que promovió primero el alto en el entusiasmo de demanda. Después, la duda que trabó las ruedas. Finalmente, esas caídas en secuencia y que terminaron por gastar las últimas energías. El cambio de expectativas, la teoría acerca del comportamiento humano y que valió un Nobel, el modo en que se formaliza un cambio de ángulo para ver la actualidad y el futuro inmediato. Aquello que, mágicamente casi, hace que un operador «optimista y alcista» se pase a las filas de los «pesimistas y bajistas». O se quede junto a una tercera fuerza intermedia: «la de los escépticos». Como en las elecciones, conforman una fuerza de independientes y capaces de ser determinantes en la tendencia, según qué posición asuman. Hay muchos que no están ni comprando ni vendiendo -como grandes carteras-, pero miran el escenario con desconfianza. ¿Salir con volúmenes como los que se vienen dando?, difícil, a menos que se juegue contra el propio dinero.

¿Entrar?, difícil, por la pesadez de ánimo que predomina y que se encarga de hacer crujir el engranaje.

La plaza local tiene todavía un diez, doce por ciento, de utilidad Merval anual. Esto es todo el «acumulado» que posee en su balance, a menos de un mes vista de darse por terminado el año (digamos hasta Navidad, lo siguiente casi no juega). Y la propensión es a perder más, de a retazos, mientras todo se va de largo hacia el año próximo. Para un inversor en Buenos Aires, es muy exigua la paga que se acumula, cuando en solamente noviembre estuvo perdiendo una cifra porcentual bastante similar.

Asistiremos a un diciembre cargado de tensiones, con los mejores deseos para que el Merval retome el alza, pero con la falta de capital de riesgo necesario. Y así, todo es muy complicado.

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