17 de diciembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Donde le dejan un resuello, es como que el mercado busca nuevas alturas, acaso con la idea de sembrar una imagen más entusiasta sobre el fin de año y cuando lo mejor para la tendencia ya quedó atrás. El apagar de casi todas sus luces en un noviembre que no repitió lo anterior más el modo en que se venía mostrando diciembre hacían olvidar esa zona donde la inversión en acciones supo dejar dividendos que equivalieron a un par de ejercicios juntos. Lástima que no se pueda ensamblar un ritmo armonioso, dejando a todos pasmados de una rueda para la otra, con esos embudos de negocios donde renace el desinterés absoluto. Y así también se prenden luces repentinas, dando un par de saltos hacia arriba en el volumen y en precios.

¿Qué nos deja el ejercicio 2004, en la Bolsa? Más allá de lo que pueda consultarse en cualquier informe estadístico, nos cuesta hallarle la imagen que sintetice y califique el año en un par de términos. Nos queda como más apropiada la vieja comparación con el espejo. Y si uno recorre los meses, adosando a los gráficos todo aquello importante que pululaba en el contexto político y económico, podríamos hallar una apropiada relación y el efecto espejo de la Bolsa, siendo el instrumento clásico que devuelve las imágenes y nunca las crea por sí mismo.
 
En cierta forma, también se hizo sentir la condición del bolsista: de vivir más sobre la base de la esperanza de un porvenir mejorado, que sobre lo que está sucediendo en ese presente. Ese par de meses que salvaron el año, setiembre-octubre, tuvo mucho de ilusión y de suponer que para estos tiempos ya el tema del canje de bonos estaría bien encaminado. Y que habrían mejorado las relaciones para el acuerdo con el FMI. Y el mercado hizo ver en sus montos y precios que se asistía a un adelanto de buenas nuevas.

Que, en definitiva, no se produjo en tales términos y entonces también fue cotizando la decepción, cuestiones que se complicaban, toda una patraña sobre los chinos que supieron aportar la sal extra y que también contó con cierta creencia en lo bursátil. Noviembre en adelante fue mostrando ese decaer paulatino y deserción gradual de tomadores. El mercado se fue viendo más «bajoneado» en ánimos, que en órdenes y precios, y tampoco aparecieron figuras de reemplazo para poder instalar otra base de esperanzas en sustitución. Como que el año se fue diluyendo con operadores que prefieren no ser los que «creen sin haber visto», ajustarse a ciertas evidencias y tener el dedo en el gatillo: pero esperar más cautelosamente. En resumen, el espejo volvió a presentarse y no falsea las imágenes, aunque lo quieran confundir con el ropaje de la ilusión.

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