Vaya nuestro sincero agradecimiento a los diversos funcionarios, por el material permanente que aportan con sus declaraciones y/o decisiones: sin la profusión de las cuales, ésta humilde columna no sería posible...
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Y, menos todavía, cuando aparece un tipo de mercado tan insaboro como el que se está plasmando a lo largo de abril. Como todo hace a lo bursátil, a la composición de la inversión más versátil e ilustrada de cuantas se hayan inventado, podemos salirnos de lo solamente intrínseco del sistema y tratar de extraer conclusiones de temática que -de una, a otra forma- siempre incide sobre la tendencia de la Bolsa. De lo último llegado, empezamos por quedarnos con el cruce de floretes entre Lavagna y los representantes japoneses. Nuestro representante vio que no se andaban con chiquitas en Japón y apeló al gastado, e insostenible, argumento de siempre. que los bonos de deuda no estaban dirigidos a los inversores personales, sino a los bancos. De ello, es posible deducir que los bancos pueden ser estafados sin remordimientos, aunque cuando uno desgrana qué es en verdad una entidad bancaria: llega a concluir que resulta una cadena de inmuebles, llena de depósitos y de depositantes. De deudores y de acreedores, de inversiones y de inversores. Es un conjunto de gente que actúa a través de lo institucional: y si se atenta de alguna forma sobre sus activos, se termina por arruinar a todos los que conforman esa entidad bancaria. Cuando uno se compromete a emitir títulos de deuda, y si es un país mucho más, la responsabilidad ante todos los poseedores de esos títulos debe ser -necesariamente- ilimitada. Por la curiosa manera en que se han ido tergiversando las cuestiones, nuestros gobernantes parecen estar muy convencidos de que se pueda discriminar por origen de tenedores de nuestros títulos. Ya se ha hecho costumbre, en los medios también, que si es un denominado fondo «buitre»: como que no merecería cobrar, o reclamar. Si son entidades bancarias, que se las aguanten. Pero, no termina de cerrar el argumento, porque a los que eran simples tenedores individuales se les aplican las mismas sanciones, pretendiendo que se quejen a los bancos.
Los japoneses no andan con vueltas, el representante de la famosa casa Nomura aseguró que «los japoneses no olvidan, nunca más volverán a comprar deuda argentina». Esto es lo que se está cosechando, de lo que se ha dado en llamar un «canje exitoso». Facturas que han quedado por el camino, que en otro momento, ante cualquier tipo de circunstancias, tendremos que pagarlas. Será en la forma de falta de inversiones. Será en una votación contraria a nuestros intereses en algún foro. Pero, no serán solamente los japoneses los que no olviden. Y, para ser más prácticos: como ningún argentino olvidaría, si desde otro país le hubieran hecho una trastada semejante.
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