¿Por qué no lo hace más práctico el ministro Lavagna y lanza, públicamente, un listado acerca de aquellos activos que un inversor deba y no deba adquirir? Lo puede complementar, fijando ciertos plazos considerados deseados por su ministerio, en función de poder venderse esos activos.
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También, nos podría ilustrar a todos acerca de qué le significa la palabra «especulación» y si esto resulta expresamente un mal, para los mercados y la economía. Todo lo que se vino hablando en las últimas semanas solamente ha venido resultando un enchastre incomprensible. ¿Qué tipo de dólar desean? ¿Cuál es el perfil de inversor que quieren? Y si desean realizar persecuciones, en todo caso, por qué no se manejan con expertos y con experiencias de otros países, tanto para saber por dónde se incrementa el verdadero lavado de dinero -el que sí debe perseguirse- y qué tiene eso que ver, con los que compran riesgo argentino y desean entrar y salir con la mayor libertad. Días atrás, enviando un mensaje al sector financiero -acerca de lo especulativo y lo productivo- terminó nuevamente con el tema de lo bursátil. Casi habría que agradecer que haya quienes vuelven a tomar papeles en un país que no ha tenido, ni tendrá, ninguna vergüenza en esquilmar inversores si sus circunstancias cambian.
Si desde la misma política económica y financiera se crean las condiciones; lo que hace el «inversor inteligente» es moverse entre las alternativas y aprovechar las que le parecen más apetecibles. Nada más que eso. Y si hay manifestación declarada acerca de mantener un dólar casi fijo, elevando tasas de interés para barrer el escenario de excesiva liquidez en pesos, el arbitraje entre las variables se propone solo.
Si se lanzan títulos indexados por inflación y se dejan crear las expectativas de que la inflación puede hacerse más notoria -con aumentos salariales masivos-, lo más lógico es que se acuda a comprar ese tipo de bonos, más que otros. ¿Qué hay de malo? ¿O no se pusieron en el mercado para que un inversor los compre? Todo lo que pueda decirse es nada más que «cháchara» para los que suponen, o quieren creer, que de tal modo «se defienden los intereses nacionales. Y buscando en esos «ogros» sin rostro, que vienen desde afuera a la invasión, las causas de posibles males o distorsiones. La verdad es sólo una: no se puede entender qué diablos se desea y qué tipo de dólar, y de inversor, puede asomarse a nuestro mercado. Si el que entra ahora para decidir salir dentro de dos meses es malo. Y el que venga a dejarlo por un buen tiempo es bueno. La sugerencia inicial es apropiada: dar características del tipo de capital buscado. Y explicar qué significa «especulación» para nuestros funcionarios.
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