El índice de Buenos Aires, que se mordía los codos por no poder estar activo durante el feriado, resolvió el problema cambiando la medida del vaso: lo que los otros conseguían en dos fechas, jueves y viernes, el recinto local lo sintetizaba en la última rueda. Así, mientras el Bovespa lograba casi 3% para rematar su semana, el Merval se movía a más del doble, con 6,3%. Y todos tranquilos. La recuperación del terreno perdido en la zona de los 1.600 puntos podía anotarse como el rasgo más valioso, evadiendo el peligro concreto de estar orillando el piso de los 1.500 (como lo estuvo). Varias máximas de oro funcionaron, en un mercado que pudo invertir una de ellas y ahora fue: «A grandes bajas, grandes subas», después de estar en mayo haciendo uso de la forma inversa, la clásica. Lo del bien que escasea también se plasmó en una suba tan relevante de los precios y donde la faltante de oferta obligó al embudo y a que se saltaran los límites para lograr ciertas cantidades.
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La semana se enderezó para todos, quedando el Dow con 1,2% de aumento, el índice de Brasil con 2,4% de recuperación y el Merval entre los dos, con 1,35%. Un trío espectacular amenizando la jornada final, en actuación para un marco y que no es sencillo de ver seguido: Tenaris-Galicia-Telecom, entre el ocho y el nueve por ciento de aumento.
Y hasta aquí lo que resultó una rueda de grandes festejos, saliendo de las trincheras como si la guerra hubiera terminado. Esto es lo que no se sabe y el punto clave: si es sólo tregua o declaración de paz. Si uno dice que el viernes «estalló la paz», no queda del todo mal. Pero sea lo que fuere -y esto se verá en ruedas sucesivas-, detrás han quedado muchos edificios derrumbados, agujeros financieros y bursátiles en todo el territorio involucrado en el gran susto de mayo.
Quienes aguantaron, acaso podrán decir que han podido recomponer fuerzas parcialmente. Pero de los otros, el estado de ánimo es difícil de describir. Por caso: los que ya hartos o temerosos liquidaron durante el miércoles pasado. O a los que liquidaron por cláusulas «gatillo» que rigen sobre segmentos como cauciones.
La casa bursátil, internacional, está en desorden. Y habrá mucho paño para la toma de ganancias donde se produzcan rebotes muy acentuados. Importa más, creemos, revisar lo que vino sucediendo antes de los desplomes y de qué modo se encontraron indefensos los operadores: a pesar de las señales amarillas que se venían prendiendo. Para mañana, volveremos sobre el particular, sobre el mundillo de los pronósticos, de las estimaciones, de la soberbia que acaba en temor. Y de una legión de « noqueados», como tantas otras veces ha sucedido (y seguirá por siempre). Es así.
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