19 de julio 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

No parece querer despejar el horizonte para dejar que los mercados abandonen los «cascos», salten los operadores de sus trincheras y todo pueda volver a transarse dentro de un ambiente normal. O solamente vinculado a los avatares de cuestiones directamente relacionadas, como las financieras, o económicas. En estos momentos, estamos unidos a la peor de las facetas, la más peligrosa, por otra parte, como lo es este frente de combate que se retroalimenta y no cede en sus ataques y réplicas: entre Israel y sus vecinos. Frente a lo pavoroso de los partes diarios de ese conflicto, ciertamente parece desechable hablar de si la tendencia de una Bolsa sube o baja. No hay manera de hacer conmensurable lo espantoso de una guerra, con los gráficos de un mercado. Por más que siempre habrá quienes tomen esos hechos tan sólo como una «variable» más, de incidencia sobre los negocios.

Estamos metidos en uno de los atolladeros más delicados, las ruedas se han venido mostrando cada vez más previsibles y todo lo intrínseco del sistema queda en el aire, suspendido, transitando una zona roja y que no admite fundamentos de valorización propios de la inversión. La semana, por ejemplo, abrió con una dura paliza en precios a los papeles clave del índice. Y que resultan los más líquidos, los que tienen gran influencia sobre el Merval. No porque resulten los que han visto depreciar sus condiciones, sino porque con los que soportan las órdenes mayores y pueden darles salida con sus condiciones de liquidez diaria. En tal caso, quedan como en zona de privilegio, protegidos por su propia defección de ser «poco líquidas», una larga serie de plazas que -simplemente- se cierran de tomadores ante los problemas. Y a renglón seguido se produce una distorsión entre los precios relativos del mercado, quedando algunos con mucho desagio -exagerado y producto de las circunstancias- y otros falsamente «estables», sin casi sufrir depresiones de precios.  


También suele ocurrir que al momento de levantarse la niebla, los que pagaron alto peaje deben esforzarse por recuperar terreno: mientras que los otros vuelven a la vida bursátil ya con el terreno normalizado, los que les evita todo el curso previo de verse sometidos. Así que también salta por los aires un teórico ranking de altas y bajas, de buenas y malas, de caras y baratas. Un desorden que en estos tiempos que corren protege a las carteras formadas de títulos de baja liquidez, que se siguen marcando con precios iguales, y que castiga por demás a las grandes posiciones que no hayan salido (como, por caso, las institucionales). La otra cara de la moneda es que para el inversor necesitado de vender, las grandes siempre le darán salida -aunque en baja- y las otras son momentáneos «pesos muertos». Según necesidad del inversor, estará en una situación o en la otra.

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