23 de enero 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Mientras analizan dar con una mano -rebajar el abusivo Impuesto a las Ganancias de los sueldos- también piensan en quitar con la otra: que suban los aportes a las AFJP.

El problema que se tiene con este gobierno es que cada vez que anuncia tener una medida en estudio, siempre hay que procurar intuir: qué corre por detrás. Algunas veces son tan evidentes en las jugadas que instrumentan, que rápidamente afloran en superficie los verdaderos objetivos de lo que viene revestido de « interés social». Se quita el envoltorio y allí está.

Con los Fondos Pensión se dice que el aumento es necesario «para que los jubilados no vean decaer sus ingresos y se descapitalicen los que aportan...». Pamplinas. Una vergüenza. Lo que realmente es un peligro serio, para ver repetir la triste historia, es que las carteras tengan que estar saturadas de papeles de deuda pública. Y eso seguramente que nunca va a entrar en debate.

Ahora puede ser todavía peor, porque parece -tal lo describe el diario «Clarín»- que si se aprueba la suba de aportes, esto iría en contrapartida con un compromiso de los administradores, de invertirlo en infraestructura. Nadie explicó, hasta ahora, dónde reside el negocio de «bancar» aquello que los privados se guardan muy bien de entrar a financiar. Pero, a los administradores nada les importa un cuerno: mientras les permitan seguir cercenando nada menos que 30 por ciento del aporte con «honorarios». ¿En qué se puede respaldar el cobro de semejante comisión? Si todo el menú les viene indicado desde el gobierno, densidad de aportes y distribución de la torta, no se puede ver en qué se esmeran tanto las cúpulas de los Fondos Pensión para defender el acumulado del aportante. He ahí un modo en que esos aportes mejoren de manera efectiva: que una mayor porción pase a revistar en la cuenta del que trabaja -del que tra-ba-ja- sin que lo esquilmen, con retenciones groseras y grotescas.  


Juegan a hacer una falsa disputa entre lo privado y lo estatal, cuando -en verdad-todos los fondos caen bajo los designios de los gobernantes de turno. Buscar las que son -realmente- las posibles mejores inversiones no ingresa en el menú. Como tampoco lo que apuntale sabrosos proyectos que no sean las obras -y las aventuras- a que los condenan con el sello oficial.

No hay ningún secreto en «administrar» tales carteras, es casi como manejar un subte. Y los aportantes que supongan que se trata de una ardua tarea, bien pueden empezar por ver de qué tipo de inversiones forman parte sus ahorros mensuales. Un asunto que desde que fuera instaurado nunca más mereció una revisión a fondo, sistema que se proclama con la falacia de ser «jubilación privada» y estando plenamente atada a los designios dirigistas de cualquier funcionario que ande de paso por los ministerios. El mejor de los negocios: 30 por ciento efectivo, todos los meses. Por Dios...

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