16 de abril 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Mejor que vayan haciendo un listado sobre quiénes son los que le vuelven a comprar papeles de deuda a la Nación, ya que fueron tan escrupulosos antes -cuando armaron el gran timo del «canje»- acusando a derecha y siniestra y pretendiendo crucificar, a ciertos compradores de bonos. Unos por «buitres», otros por demasiado «condiciones», se instaló la absurda figura de describir a las víctimas, que después desollaron sin piedad. Una forma, que se aplicó en lo que hace a títulos accionarios -si mal no recordamos una precursora fue la vieja Bagley, en el viejo recinto- y cuando ciertas compañías temían y querían neutralizar, a compradores demasiado entusiastas juntando de sus títulos, resultó el de acuñar títulos «escriturales», donde los interesados debían darse a convocar. Además de otros trámites adicionales engorrosos (como, tener que firmarlos).

Gobernantes tan puntillosos, deben entender que si se trata de un bono que no es ni «escritural», ni «nominativo», da lo mismo que lo adquiera Sor Teresa, que Al Capone: el emisor debe responder al compromiso sin entrar a juzgar a sus clientes -objetando o descalificando, en punto a las intenciones de los mismos- y es el responsable ante toda la emisión.

En esta ocasión, visto que la Argentina da los nuevos pasos con nuevas colocaciones de deuda nacional, o provincial, seguramente que la mayoría asume el riesgo de tomarle títulos a un fallido, porque observa que el « premio» es suculento, respecto de lo que se paga en otras partes.

Buitres foráneos, o locales, según se pueda tentar a los nuevos clientes, gente codiciosa -hasta muy codiciosa- están dentro de la nueva nómina (más allá de los que tienen que tomar tales especies por obligación, como nuestras subordinadas AFJP, o los bancos).  

  • Parece que además del que vino siendo principal tomador, considerado como un «amigo» -Chávez- y que ya se verá qué procurará a cambio, a nadie le interesa siquiera un mínimo saber de quiénes resultan los compradores. Que es lo mismo que hacían otros gobernantes, cuando procuraban que les llevaran esos títulos. La ocurrencia de determinar por raza, por moral, por ambiciones, o por tipo de entidades, puede anotarse como un «invento argentino» al momento de repugnar sus compromisos.

  • Pero, la consecuencia -para que otros gobiernos no se vean irritados con su calidad de tomadores, cuando haya que abonar los vencimientos- debiera ser una fórmula de seleccionar a los admitidos tomadores y separar a los indeseados. (Lo que resulta como una chanza y, en realidad, lo es). Lo menos que puede pretenderse es que con premios altos, de un país con semejante antecedente cercano, se entienda que los que se acercan y se animan: son jugadores de alto riesgo y donde abundan « buitres», «tiburones» y otras especies de la jungla financiera. Como siempre, bah.

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