Ya se reconoció oficialmente lo que venía siendo tema de todos los corrillos, desde buen tiempo atrás, y ahora se ha instalado el gobierno de Cristina como materia excluyente. Las primeras inquietudes periodísticas no van en dirección a aquello que el capital está aguardando para actuar: ¿se estará gestando, en la segunda casi segura etapa, lo que merezca llamarse un «plan económico»?. No se sabe, inclusive no se indaga demasiado y como dando por sentado que desde lo económico todo está viento en popa, por el solo hecho de mostrar superávit o cúmulo de reservas. Al parecer, interesa mucho más si habrá recambios de ministros, cómo habrá de moverse políticamente el gobierno que se instale. Vale recordar que una de las frases muy reiteradas en los primeros capítulos de su mandato por el actual presidente resultaba aquella que decía: «Nos dicen que no tenemos un plan. La Argentina tuvo planes muchos años y miren cómo quedamos...». Por lo cual dejó instalado una suerte de modelo espontáneo, donde en muchas cuestiones que hoy explotan -lo más actual, la energía-se la han pasado actuando sobre los efectos y sin haber tratado de corregir las causas, preventivamente. Obviamente, si se le puntualizan falencias e imprevisiones, la voz oficial lo resuelve echándole toda la culpa a la «década de los 90», o a las «políticas de la derecha».
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¿Para qué sirve poder inaugurar un nuevo gobierno, describiendo un plan económico a desplegar? Simplemente, y es mucho, para que todos -locales y foráneos-puedan saber sobre los lineamientos que aplicará el país en adelante y hacerlo, de tal modo, previsible en su rumbo. Para traerlo de lleno a lo bursátil, es como si usted -inversor interesado, potencial en una acciónal repasar cómo encara los negocios esa empresa se encontrara con una leyenda que dijera: «Vamos a ir viendo cómo hacemos para sacar esto adelante. Si hay problemas, los atenderemos en su momento. Por ahora vamos bien...»
Una fórmula que ha sido ganadora, que les ha rendido y mucho en el actual mandato ya muestra huellas de desgaste. Lo de pivotear entre el dólar y el peso ya precisó de subsidios a toda máquina y de falsear los índices de inflación. Y aun así, existe una presión contenida pugnando por salir a superficie, alimentada por pujas salariales permanentes y aumento de costos. ¿Seguirá «Cristina I» con el descubrir qué le espera en cada curva del camino o sorprenderá brindando un plan coherente y que entusiasme en sus conceptos? Por ahora hay que seguir como se viene, en lo que ya mismo -desde que se reconoció oficialmenteconstituye también una etapa de transición: aunque se trate de recambio dentro de una misma familia.
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