El termómetro sube y baja, lo que hace más difícil de establecer en qué punto de recuperación se encuentran hoy los pacientes -los mercados-y qué tanto ofrecen sus mejillas rozagantes, cómo abren la última etapa del mes -el lunes-con color de vela. Retornó la chatura, se debilitaron precios y volúmenes, mientras las notas sobre el meteoro que produjo el cráter ya van cansando al lector: paso previo a que se convierta en costumbre y que se aprenda a convivir con ello. El asunto es: ¿cómo se sigue después del rebote? Primero hay que contestarse si ya está todo bien. O, más específico: ¿Está todo?, ¿bien? La respuesta, desprovista de deseos, tendrá que ser: no. No está todo bien en lo ya conocido. Y no se puede saber qué habrá por delante, por conocer. Que nada es gratuito cuando se genera una fractura de magnitud en el hueso de lo financiero y bursátil.
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Esto pareció estar flotando después de que los operadores se tomaron el fin de semana para repasar la situación y antes de volver al trabajo, el lunes.
Esta pregunta del cliente, en los agentes de Bolsa, nos imaginamos que será -por mucho-la más efectuada: ¿Habrá que quedarse y esperar, o le parece que hay que salir con la diferencia de estos días?
Posiblemente, traducida al inglés, también puede que resulte la más repetida en Wall Street. Y ése es un efecto que los bancos centrales no pueden zanjar de un día para otro, sólo inyectando dinero al sistema. El año marcó un «click» en la mente de todos los participantes de mercados. Lo demás es el primitivo despertar del instinto de conservación del ser humano. Me dieron un palazo, mal, después me cubro, aunque solamente me estén amagando con una pantufla.
Toda novedad que tenga aspecto de buena y genuina, o de buena y adornada, es posible que sirva para dar nuevos repuntes. Pero, en cuanto aparezca la sombra solamente de una mala las caídas pueden estar a la orden del día. La frontera creada, la división de aguas dentro de la tendencia, ya es un hecho consumado. La desconfianza -y está muy bien que así sea-es lo que deberá privar antes que todo lo demás. Desconfianza en lo que se opine, pretendiendo que todo ha pasado, con el principio del jefe indio: de lo que no veo no creo y de lo que veo, creo sólo la mitad.
La jugada a que la Fed baja las tasas en setiembre se fue desinflando como los mercados. Por lo que no debe descartarse que se tiren unos « lances» más, para generar presión y conseguir lo que siempre han venido queriendo «los llorones de Wall Street» (como bien los definiera un comentarista que reprodujo este diario, días atrás). Pensar en que el terreno recobra la fertilidad inmediatamente, cuando viene lleno de cenizas, es un bello sueño. No más.
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