Mientras la Reserva Federal, que está propiamente en el centro del incendio y manejando los equipos de extinción, prosiga dando muestras de su desconcierto sobre aquello que sucede con la explosión de mercados, éstos deberían seguir reflejando también desconcierto.
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Cuando días atrás Ben Bernanke decidió aparecer en público, saliendo del «bunker», nuevamente irrigó desconfianza e incertidumbres. Solamente comentar que lo ocurrido « había superado las previsiones más pesimistas» fue como darle una bofetada a los participantes de los mercados. También comentó que la Fed había reducido en medio punto la tasa, «para evitar el contagio a la economía real». Pero, de corrido, agregó que «aumentaron las incertidumbres sobre las perspectivas del crecimiento mundial...», con lo cual denotó que el mentado «contagio» ya se produjo y que los recursos que intentan apagar el fuego se ven como los heroicos bomberos que combaten fuegos forestales: están en manos de la suerte, de cómo le soplen los vientos, o de oportunas lluvias que les den una mano.
En el recortado idioma de la Fed, remató su discurso con una opinión que también sembró dudas: «El sistema financiero mundial está en una posición relativamente sólida». ¿Qué es eso de relativamente, acaso una cubierta por si hay más defecciones? Lo que se transmite desde la cúpula del mundo es que la evolución de este incendio ha escapado a las medidas técnicas, donde la rebaja de medio punto en la tasa resulta una carta definitiva. Si se conecta esta visión con aquello que dijo Greenspan que estaba apareciendo --situación similar a los momentos previos de los quiebres de 1987 y 1998-, no resulta convidador el escenario, por ahora.
Esto no quita que se produzcan otros repuntes, seguidos de ondulaciones, pero en un rumbo que no tiene una meta cierta. Que es donde los mercados se parecen como nunca a un juego, y dependen en buena medida del azar.
Lo único que se sabe con precisión es que el lío es mucho más grave y difícil de parar que lo que se imaginó en sus principios. Que ya la economía «real», como gustan seguir diciendo, está implicada en el movimiento. Y que las medidas recientes tomadas testimonian que el miedo ha calado tan hondo como para olvidarse de la inflación que acecha.
Los primeros pasos desde que se hizo el anuncio de la tasa mostraron un pico de euforia fugaz, seguido de un apaciguarse casi inmediato. Y dejando abierta esta semana a cualquier resultado posible. Mejor dejar de lado deseos -lógicos-y ansiedades, dando un primer plano a la realidad. Y contra ella se estrellan impulsos sin respaldo de evidencias.
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