No se sabe si fue primero el huevo o la gallina. Y si tal interrogante natural lleva desde los inicios de los tiempos falto de respuesta, no habrá manera de saber qué fue primero: si una estrategia de las petroleras o una coacción -de las habituales de Moreno-para terminar en los medios explicada como siempre. La falacia de la «negociación», palabra que sirve para disimular cortésmente lo que nunca atraviesa por etapas tan elegantes. El hecho es que los precios de las naftas volvieron hacia atrás y la prohibición de exportar quedó levantada. Y todo parece quedar como era antes. ¿Para qué aumentar precios y desatar iras oficiales, con semejante personaje oficiando de dragón? Es una buena pregunta. Pero también podía haberse armado una «jugada preparada» (de la que tanto hablan en el fútbol) y haber actuado en tal ofensiva del mercado local, suponiendo que en ciertos momentos vendría la veda oficial a lo exportado. Y, de última, llegar al punto que se llegó: deshacer lo realizado en precios, para que el gobierno desista de la medida vengativa que interpuso. Y así queda en paz la espada vengadora de Moreno, demostrando que obligó a retrotraer los precios, pero dejando a salvo el segmento suculento de lo exportable. Del otro lado, la jugada es conocida y más burda: a cada acción de un sector empresarial contestarle con un castigo inmediato y fuerte. Sin importar qué se arrase a su peso.
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Al simple observador lo que le deja esto en claro es que aquello que venía desde atrás y que tenía alguna esperanza de ser corregido tomó mayor cuerpo con el nuevo gobierno. Y el derivado para el inversor en acciones de empresas privadas debe ser tener todavía más cuidado que antes en el sector y tipo de empresa donde vaya a acudir con su dinero. Porque todas están expuestas a ser víctimas del arrebato oficial, pero algunas están en mayor riesgo que otras, por el tipo de servicio o producto que aporten al mercado interno.
Mientras tanto, habrá que estar preparados también para las zancadillas que parten desde el propio ambiente, o de su periferia. El ida y vuelta de Petrobras, la dilatada aclaración que derrumbó el castillo de naipes implicó a muchos millones de dólares jugados allí: alguien ganó, muchos perdieron, otros están agarrados en la telaraña. Lo alarmante de todo el caso es la facilidad con que se pueden urdir movimientos, partiendo simplemente de lanzar especies y que se hagan eco los operadores más cercanos, para que después lo tomen y esparzan los medios de información. Se arranca con dos maderitas, se hace un fuego, lo demás es sólo agregarle leña espontánea y terminar en una fogata de codicia, que corre sin preguntarse mucho si la especie es fiable. Hasta que un día aparece el señor del balde de agua, lo lanza sobre la fogata y se desarma todo el asunto. Los de las maderitas ganan mucho, los de la leña, si salieron a tiempo, y los del agua se quedan empapados y gritando en soledad. ¿Cuántos más?
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