Si el Central considera que el piso del dólar también es « móvil» y se dejan trascender números cada vez más bajos, el que lo viera en zona de $ 3,21 -y la industria decía que ya no era competitivo-toma la actitud de compra. Porque le han acotado el riesgo de la baja (a cuánto más podría bajar, desde los $ 3, se dice el tomador). La jugada tan a la vista de querer pasarle al campo la factura por el jaleo que se armó, implica que otras variables se vayan saliendo de madre. Los industriales verán su salida mucho más dificultosa, perdiendo mercados. Y lo que provenga del exterior en muchos rubros incrementará la oleada importadora, haciendo estragos sobre buena cantidad de productos locales.
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Y después se anexó otra realidad, la del retorno de las viejas «bicicletas» -terminología de moda en los 70, a lomo de aquellos legendarios VANAS que no paraban nunca de trepary haciendo arbitraje entre tasas y dólares, jugando a lo seguro. Y resulta que por querer atacar, eliminar, lo que deciden son como células malas, resulta que empiezan a quemar células buenas o que estaban cumpliendo con lo suyo.
Si alguien puede pensar que se ideó la baja del dólar para disuadir a los compradores es que no sabe cómo actúa la mente en los mercados. Lo lógico es que se excite a la demanda -como con acciones-cuando un activo al que se veía ya como «barato» a cierto nivel, después se coloca unos escalones más abajo, y habiendo un vendedor «declarado y permanente» en el mercado. Esa expresión -encomillada-es la que define el ariete que rompe con las reglas de oferta y demanda. Comprador o vendedor -como en este caso del Centralque se ocupa en dejar trascender que intervendrá diariamente, con lo que sea necesario, para deprimir la paridad sabe que está creando de modo artificial una cotización y que, sin su intervención, retornaría a una línea de corte más elevada y que era aceptada por todos.
¿Qué puede suceder después de bajarlo y bajarlo? Pues sencillo, que «la banca» indudable de este juego dejará que retome su nivel. Un riesgo casi «cero».
Desde lo que viene sucediendo en estos meses ya no queda variable, índice, mercado de nuestro medio que haya quedado sin ser distorsionado. O bien por la acción directa sobre unos focos específicos, que de manera indirecta golpea sobre otros, o por reflejo de un estado de incertidumbre instalado, que ha metido todo en un pozo bien profundo. Las lecturas que quieren ver el lado optimista -de suponer que la detención de la rueda económica maniatará la inflación de modo natural-tropieza con la imagen menos deseada por todo gobierno en el mundo: que se perfile la recesión. Mucho más en febriles mentes actuales, que casi todo lo han basado en el consumo. Difícil.
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