7 de julio 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

En las buenas, se sabe, aparecen todos los personajes que quieren hacerse «chapa» a costa de la bonanza de los mercados. Como en las tendencias nítidamente alcistas es muy difícil poder errarle al pronóstico, surgen tropillas de analistas, asesores de inversión, nuevos «gurúes» y varios que -después de estar archivados- le vuelven a poner lamparitas a sus marquesinas. Es el «show» que acompaña, en todos los órdenes, a los carros triunfales.

Pero, en las malas, también asoman los que no quieren perderse centímetros en los medios, o segundos en las pantallas. Y ahora, como éramos tan pocos, hay que ver salir de las sombras nada menos que a George Soros.

El hombre, muy suelto y locuaz, ganó espacio en todos lados -por lo menos, aquí- con un discurso de pulcro moralista de los mercados. La síntesis de su mensaje nos apunta a que: «La culpa es de los especuladores por las subas de precios de materias primas. Y hay que prohibir que los Fondos Pensión de Estados Unidos, puedan comerciar con estos commodities...».

Vaya... que se ha hecho puritano, el mismo que forjó su fortuna sobrevolando las economías y apostando fuerte, sin preocuparse por los problemas que podía crear. ¿De verdad piensa que será olvidado su gran «éxito», de haber atacado a las monedas y originar un principio de caos, bastantes años atrás?  

¿O que puede quedar bajo la alfombra que hay países donde, lo odian tanto, que quemaban muñecos con su figura? Tan tontos supone a los demás, que no caerán en la cuenta de que quiere eliminar competidores y se tira el lance sobre los Fondos Pensión -de un solo origen- pretendiendo que se les prohíba intervenir... Escuchar a Soros hablar más de especuladores -cuando ha sido su campo de batalla permanente- ya nos impone que, en el mundo, anda dando vueltas un delirio descomunal.

Como solemos decirle el lector, algunos años en esto nos han fijado la idea de que hay que dar vuelta los dichos de estos personajes, para tratar de encontrar la verdad de dónde apuntan. Y en tal sentido, se nos ocurre que uno de los que más activos esté participando en esta escalada de materias primas, sea justamente el señor que acusa a los que inflaron la burbuja.

Los que juegan y hacen fortuna nunca dirán dónde y cómo lo hacen, tampoco comentarán de sus regios baños de fracasos, solamente dispersarán la carcaza de sus pensares. Y cuando aconsejen, irán justo en contra de lo que están haciendo ellos. Así, hace unos días apareció esa nueva licitación, que organiza Warren Buffet todos los años: quién paga más, por un almuerzo con él. La condición de la charla es que no pregunten qué compra, o qué vende. Fácil, ¿no?

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