1 de septiembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Alcanzó alta exposición en lo mediático el discurso del presidente de la Bolsa de Comercio -Adelmo Gabbi- el jueves pasado, con motivo del 154 Aniversario de la Bolsa, que se había dilatado desde la fecha original del 10 de julio.

Habíamos mencionado que existían dos corrientes al respecto, en virtud de que la Casa de Gobierno nunca se dignó a responder a la invitación, realizada en tiempo y forma.

Al quedar, por vez primera en mucho tiempo, huérfana de la visita presidencial -o de representantes en su nombre-, estaban los que votaban por dejar la reunión tradicional sin efecto. Y los que sostuvieron -con razón- que más de un siglo y medio de historia era un imponente argumento para sobreponerse al desaire de un gobierno de turno.

Y la reunión con asociados y empresarios se realizó el mencionado jueves, en una nave del viejo recinto que mostró asistencia en plenitud.

Por la especial circunstancia, el discurso del titular de la entidad -que suele quedar en segundo plano, ante la alocución de un presidente de la Nación- tomó el centro absoluto de la escena. Pero, más allá de ello, los medios se encargaron de resaltar -hasta con importantes titulares- que las palabras de la Bolsa, a través de su presidencia, no eran simplemente de alegoría por el festejo, sino, con autoridad para hacerlo, también se encargaron de expresar opinión pública acerca de temas de nuestra economía y finanzas, que están en plena ebullición. El lector que no posea elementos del historial para poder atestiguarlo debe saber que nuestra Bolsa de Comercio -en buena parte de su trayectoria- siempre resultaba una voz firme, y escuchada, dando opinión profunda y fundamentada sobre la marcha del país. No solamente en discursos puntuales, sino a través de sus «memorias» anuales que resultaban un compendio certero y veraz acerca de los acontecimientos. Y prolongado con sus visiones, y advertencias, acerca del porvenir.


Un espíritu de puntualizar lo bueno, criticando lo que parecía inapropiado, que se había ido diluyendo de unas décadas a esta parte. Y más allá de estar con un todo, o no de acuerdo con el discurso de Adelmo Gabbi: lo que puede reconocerse en la ocasión es haber recobrado para la entidad bursátil el derecho de poder expresarse en temas que le atañen directamente. Y que, como en estos tiempos, la han llevado a una tendencia de postración en valores y negocios.

La difusión obtenida hizo el resto, colocando a la Bolsa de Comercio en un centro de la escena y en momentos donde se hace indispensable emitir opinión. Seguramente que algún funcionario, sin darse por enterado de que está sólo de paso, habrá despotricado contra el discurso bursátil. Aunque en todo el historial vivido por nuestra Bolsa sólo sean algunos renglones. Era tiempo ya de reverdecer laureles. Y se hizo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar