El empresario Francisco de Narváez firmaría mañana el acuerdo de exclusividad con Ahold International NV para la compra de Disco. Y si todo marcha bien, dado que el período que contemplaría el acuerdo es por 30 días -el mismo lapso que se le había concedido a Cencosud, y que ésta dejó caer-, la transacción quedaría completa hacia fines de enero. El precio, por supuesto, es algo que se guarda en el mayor de los secretos; sin embargo, se dice que podría rondar los u$s 310/320 millones en efectivo. La operación, en principio, la encararía De Narváez en soledad, dado que la cadena francesa Casino/ Líder Price/Libertad se sumará a posteriori con 40% del capital accionario y -se dice en el mercado- una opción de compra a cinco años por el resto.
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Fuentes cercanas al ex dueño de Tía confirmaron la especie, aunque se mostraron reticentes a admitir a ciencia cierta la fecha del contrato. «Sabemos que están cerca, pero no cuán cerca», dijo el informante.
De concretarse la firma del preacuerdo (lo que le dará a De Narváez la posibilidad de acceder a los números de Disco y practicar un «due dilligence»), se producirá el vuelco más dramático de los últimos años en materia de adquisiciones de empresas, sólo comparable quizás a lo sucedido con Molinos Río de la Plata, a la que todo el mercado daba como comprada por The Exxel Group al grupo Bunge y Born hasta que apareció como «tapado» el holding Pérez Companc. Ahora no hubo una arremetida que sorprendió, sino el retiro del grupo que parecía haber concretado la compra.
De todos modos, el camino todavía parece largo hasta que el ex dueño de Tía pueda hacerse cargo de Disco. Además de tener que ponerse de acuerdo con los holandeses -tarea a priori nada sencilla, si se toma en cuenta cómo le fue a la chilena fundada por Horst Paulmann-, el trámite deberá pasar por la Comisión de Defensa de la Competencia (CDC), que deberá expedirse sobre si la nueva cadena que surgirá de la fusión de Disco con Libertad/Líder Price tiene posición dominante en algún punto del país. Pero, dada la obvia simpatía exhibida hasta ahora por el gobierno hacia la posibilidad de que un «empresario nacional» se quede con Disco (o cualquier otra empresa en venta, para el caso), se descuenta que el dictamen será favorable, aun cuando la CDC sea un organismo eminentemente técnico y en sus decisiones no deba influir la política.
También deberá salvar dos obstáculos no menores en los estrados judiciales: el embargo trabado sobre todos los activos de Disco por un juez local a pedido de un colega uruguayo, que dictó una medida cautelar a raíz de una demanda presentada por ahorristas del Banco de Montevideo, que fuera de la familia Peirano -ex dueños de Disco-. Esos ahorristas aducen que Ahold sabía de las dificultades de los Peirano al momento de comprarles la mitad de la cadena comercial, y que varios de los vendedores firmaron el contrato de compraventa cuando ya estaban detenidos.
La otra valla es la interdicción lograda por la AFIP, también contra los bienes de Disco, por la emisión de una serie de obligaciones negociables (ON) sobre la que existen dudas respecto de la no retención del Impuesto a las Ganancias.
De hecho, estos tres temas -unidos a un desacuerdo en el precio final, más detalles operativos- fueron los que hicieron desistir a Paulmann; desde las cercanías de De Narváez admiten que «ambos temas judiciales son complejos, pero tenemos confianza en los procedimientos legales de la Argentina».
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