27 de mayo 2002 - 00:00

Del ciberespacio al pasado

Hace aproximadamente setecientos años, Nicolás de Oresme escribió un tratado sobre la moneda describiendo -en sus primeros capítulos-como ésta había reemplazado al antiquísimo sistema de trueque: «...comenzaron los hombres a comerciar sin moneda y daba uno a otro una oveja por trigo y otro su labor por pan o lana y así en las cosas restantes... Pero como en este tipo de permutación y transporte de cosas surgieron muchas dificultades, se ingeniaron los hombres e inventaron el uso de la moneda, que era un instrumento de permutación entre uno y otro para las riquezas naturales...»

La cita viene a cuento de lo que está sucediendo hoy en la Argentina -que ha pasado casi sin solución de continuidad del comercio en la era electrónica-al primitivo trueque. Recuérdese que no hace mucho tiempo atrás se auguraba que gran parte de las transacciones tradicionales iban a ser reemplazadas por los «sitios» de Internet, donde la población haría sus negocios cómodamente sentada frente a su computadora. Con esta idea, se compraron -y vendieron-proyectos por sumas millonarias. Nadie quería quedar afuera del porvenir.

La depresión económica y el abandono de la convertibilidad monetaria, borró de un plumazo muchas fantasías, pero también materializó una realidad que muy pocos podían prever en toda su magnitud. En la actualidad, no hay precio cierto ni moneda, y gran parte de la población carece de los recursos elementales para subsistir. Con ese marco se ha producido una parálisis económica de magnitud sin precedentes, el cierre de miles de comercios y empujado a una cantidad cada vez más importante de gente a vivir apelando a técnicas de mercado perdidas en el tiempo.

•Alarmante

Fenómeno, que más allá de su grave connotación de deterioro social es alarmante por la pérdida del señorío del Estado sobre la emisión monetaria, y del poder de policía que naturalmente debe ejercer sobre la calidad, seguridad e higiene de los bienes transables en el comercio.

Pero es indudable que esto es solamente la cuestión formal del problema. Cuando decimos que el comercio está abandonando la era electrónica y regresando al trueque queremos marcar que con esta vuelta al pasado media tanta distancia como un arado tirado por bueyes o por un tractor, que por más que muchos celebren el regreso a antiguas prácticas como muestra del ingenio argentino, la realidad es que ello es enteramente fruto de la pobreza y muestra cabal de la profundidad de la crisis.

El dilema es que somos parte de un país que durante mucho tiempo ha vivido de prestado. Se abandonó la producción de bienes imprescindibles hasta para la vida diaria, transfiriendo recursos al exterior en desmedro del trabajo propio, arrojando a millones a vivir en la premodernidad. Si queremos salir de ésto, pese a todas las dificultades, no debe ser pensando en la prehistoria, sino en cómo podemos hacer para ingresar en este siglo.

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