Roberto Feletti: "Hay que priorizar la cobertura social por sobre el equilibrio fiscal"

Economía

El exviceministro de Economía y actual secretario administrativo del Senado bonaerense hizo mención al impacto que las restricciones pueden tener en la economía y señaló la necesidad de que el Estado intervenga para poder sostener el ingreso de los sectores afectados.

Un grupo de economistas que integran el Frente de Todos de la provincia de Buenos Aires propuso en un informe que el Gobierno nacional priorice la cobertura social por sobre el equilibrio fiscal, ante el impacto del a segunda ola de covid. Uno de los integrantes de ese grupo es el exviceministro de Economía de la Nación y actual secretario administrativo del Senado provincial Roberto Feletti, quien en una entrevista con Ámbito profundizó en los principales aspectos del informe y analizó las principales variables de la economía.

Periodista: En el informe pidieron que el Estado priorice la atención por sobre el equilibrio fiscal, ¿por qué lo consideran tan necesario en este momento?

Roberto Feletti: Nosotros creemos que el Gobierno enfrenta un cisne negro: se le adelantó la segunda ola, que se esperaba para junio con los primeros fríos. Evidentemente, si la segunda ola hubiera llegado con el invierno, el plan de vacunación hubiera estado más desarrollado, con lo cual la presión sobre el sistema sanitario hubiera sido menor y, en segundo lugar, hubiéramos afirmado más la recuperación económica. Y esta llegada, cuestiona la política fiscal que inicialmente llevaba adelante Guzmán, que inicialmente a nosotros nos podía parecer correcta, que era decir: ‘la economía va a crecer, la recaudación va a crecer por arriba del gasto y paulatinamente se va a ir cerrando la brecha fiscal’. Pero frente a una segunda ola que llega en abril, este segundo trimestre va a haber de nuevo una ralentización de la economía: el hecho que no haya actividad nocturna, la expectativa de freno a la movilidad, crea una desaceleración económica y, sobre todo, en el sector más informal que es quien más rápidamente lo sufre. Entonces, ahí es donde el Estado tiene que intervenir. Tiene que prevenir eso. La política fiscal, que podría haber sido correcta frente a un cierre de 2020 muy desequilibrado, hoy tiene que ser revisada. Y en ese punto hacemos énfasis en el informe: que el tema de inversión en salud y de preservar un ingreso, sobre todo en los sectores más informales, tiene que estar planteado.

P.: ¿Esto podría significar más emisión que presione sobre la inflación?

R.F.: Nosotros vemos también que la prioridad es equilibrar el sector externo. Si se equilibra el sector externo, si acumulás Reservas en el Banco Central, las posibilidades de asumir un desequilibrio fiscal mayor, y por un tiempo más prolongado, son mucho mejores. Es decir, está mucho más consolidado el equilibrio macroeconómico desde un Banco Central con Reservas abultadas, que si no lo está. Y el otro punto, respecto de la inflación, tenemos que aceptar que hay dos factores que jugaron muy fuerte en la inflación: uno es la demanda externa, el problema de que los precios internacionales de productos que Argentina exporta se trasladan a los precios internos, como el caso del trigo y el maíz, o las exportaciones de carne. Es un tema que juega en la canasta alimentaria y que el Gobierno no ha trabajado con un criterio de saldos exportables, sino que ha entrado de lleno en el precio interno. Y ese es un factor de regulación, no de emisión monetaria. Y el otro punto, y esto sí llama la atención, es que la canasta básica alimentaria, aumentó un 45% el año pasado. Al aumentar la canasta básica alimentaria, explica también por qué muchos hogares se encuentran bajo la línea de pobreza. Y el hecho de que aumente la canasta básica alimentaria cuando la economía entra en recesión, es complejo. Ahí hay un comportamiento monopólico que se apoya en que el Estado va a poner la diferencia. Eso son dos factores de regulación, ahí también hay que tener la mirada porque no hay política de ingresos que aguante, si no intervenís en esos mercados. Si no hay alimentos baratos, es muy difícil sostener un nivel de mercado interno alto.

P.: ¿Cree, entonces, que los controles aplicados son una herramienta válida para contener las subas de precios?

R.F.: Creo que no toda la inflación se explica por emisión. Es cierto que en una economía en recesión, el nivel de monetización del año pasado fue alto. Pero no es menos cierto que hoy estamos ante el anticipo de una segunda ola que puede frenar la incipiente recuperación que se venía verificando. Nosotros veíamos que avanzaba el plan de vacunación, con lo cual se liberaba la circulación de personas y de bienes, avanzaba el proceso de obra pública, que era alto en el Presupuesto, avanzaba la recuperación de la economía que se venía viendo desde el último trimestre del año pasado. Pero ahora, vamos de nuevo a restricciones de movilidad, que indudablemente van a impactar mal. Entonces, tenés que mandar señales de intervención. Si no, no podés decirle a la gente ‘quedate en tu casa’ y después no tenés un peso.

P.: ¿Sugiere una nueva forma de ATP o IFE, por ejemplo?

R.F.: No voy a fijar la instrumentación de las políticas. Sí hay que poner plata en la calle. No hay duda de esto.

P.: Mencionó el freno de la actividad, ¿puede acotar el rebote esperado?

R.F.: El crecimiento previsto en el presupuesto es de 5,5%. Y la mayoría de los analistas, entre los que nos incluimos, veíamos un 7%. Hay que ver cómo puede impactar en la necesidad de mayor inversión en el sistema de salud y en la vuelta de las restricciones a la movilidad, en la recuperación económica. Eso recién lo vamos a poder medir al final del trimestre. Pero sí es una mala noticia, sin duda.

P.: ¿Qué puede pasar con los salarios?

R.F.: Tiene que haber una política antiinflacionaria que tenga más presión sobre la regulación de mercados monopólicos. Si no la hay, no va a haber una recuperación fuerte de los ingresos. Es un poco lo que decía Cristina en el discurso del estadio Único de La Plata: si no se acompañan de medidas que permitan el acceso a la energía, y el acceso a los alimentos, la recuperación va a quedar en mano de pocos. Y esto no sería bueno. El otro punto, insisto, es que una parte importante de la política antiinflacionaria es el ancla que se da con los dólares acumulados en el Banco Central. El BCRA tiene que poder acumular un mayor nivel de reservas del que tiene ahora: en el primer trimestre tuviste más de u$s2.500 millones de superávit comercial y el aumento de reservas fue apenas de u$s200 millones. Entonces, ahí algo está pasando.

P.: En el objetivo de acumular reservas, ¿el precio internacional de los commodities es un aliado clave?

R.F.: Es un factor importante. Estamos trabajando con una soja que está flotando arriba de los u$s500 la tonelada.

P.: ¿Cuán fundamental es cerrar un acuerdo con el Fondo antes de las elecciones?

R.F.: Sería cauto con eso. Uno de los ejes de la política económica argentina el año pasado fue el cierre de la reestructuración de la deuda con el sector privado. Se alcanzó y fue un éxito: en septiembre tuviste un 99% de aceptación, alargaste los plazos, bajaste el costo de la deuda. Sin embargo, el riesgo-país no bajó. Y esa es una pregunta que alguien debe formularse: ¿por qué habiendo reestructurado la deuda, con un riesgo-país que en ese momento estaba en 1.100 puntos básicos, hoy está arriba de los 1.500? ¿Hubo un veto de los tenedores de bonos a la reestructuración argentina, un veto del Tesoro de Estados Unidos? Entonces, el acuerdo con el Fondo hay que leerlo en perspectiva de lo que ocurrió con la reestructuración de deuda con el sector privado. Y si la reestructuración de deuda dio los resultados que se esperaban. Porque sin duda una baja del riesgo-país, hubiera provocado un flujo favorable de divisas de corte financiero, no comercial, hacia Argentina. Y eso no pasó. La urgencia de arreglar ahora con el Fondo, hay que verla en función de qué leen los tenedores de bonos que no apuestan a la sustentabilidad de Argentina.

P.: Es decir que un acuerdo por sí solo no traería una mejora en la confianza externa.

R.F.: No. Los hechos, lo que ocurrió con la deuda privada demostró eso. Y hasta que ese interrogante no se despeje, sería cauto.

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