Diálogo de Wall Street
(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien se identifica como Gordon Gekko en alusión al personaje que interpretara Michael Douglas en la película "Wall Street". El tema central de la conversación es el fracaso de Europa en reemplazar a Estados Unidos como locomotora de la reactivación. Los consumidores europeos no gastan y eso agrava la caída de la inversión. Este año, Europa crecerá menos que Estados Unidos.)
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Los cortes de carne vacuna subieron hasta 20% en marzo y agregaron otro factor de presión sobre la inflación
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Cómo opera el plazo fijo en los principales bancos hoy, jueves 9 de abril
Gordon Gekko: En 2001 los Estados Unidos atravesaron una recesión. La economía se las arregló para no contraerse pero apenas avanzó 0,3%. Europa, que también se vio afectado por la crisis, creció 1,5%. Ese era el momento en que el Viejo Continente prometía tomar el liderazgo...
P.: Pero los roles se han revertido...
G.G.: Me parece que este año -aún con viento en contra por la notable inestabilidad financiera-la economía norteamericana se expandirá entre 2% y 3%. Hasta le diría que le acerco, deliberadamente, un pronóstico conservador.
P.: No está mal. La trampa de la recesión, por lo menos, habría quedado atrás...
G.G.: Eso creo. Eso sí: es un patrón de crecimiento oscilante. Un trimestre muy fuerte -como el primero-es seguido por otro en que los números se planchan.
P.: Qué curioso...
P.: Pero, en promedio, hay un corte marcado con la pobre performance de 2001. No es el caso europeo.
G.G.: Europa continental creció 1,5% en 2001. Este año difícilmente llegue a 1%. La zona del euro -según los institutos alemanes de economía- cerrará 2002 con una suba de 0,8%. La decepción es grande. Piense que la expectativa original era que el crecimiento repuntara con fuerza en el segundo semestre. Esa previsión ya ha sido arriada por todos incluyendo el propio Banco Central Europeo en su último informe mensual publicado la semana pasada...
P.: ¿Qué pasó?
P.: En Alemania las perspectivas son aun más sombrías que la media...
G.G.: Así es. La misma fuente predice un magro crecimiento del producto -a sólo 50% de la velocidad regional-.
P.: ¿Cree que el Banco Central Europeo echará manos en el asunto? Con tasas en 3,25% -estables desde noviembre último cuando se pensaba en otro vigor económico-habría espacio suficiente para intentar un shock de estímulo...
G.G.: No descanse en ello. Este es otro matiz nítido de contraste con respecto a los Estados Unidos. La FED está más cerca de intervenir recortando las tasas de interés que lo que está el Banco Central Europeo.
P.: A pesar de que las tasas norteamericanas en 1,75% son sensiblemente inferiores...
G.G.: A pesar de todo. A pesar de las tasas de interés. A pesar de una inflación que es más alta que en Europa (aunque no mucho más). A pesar de la mayor robustez de la demanda. El Banco Central Europeo está en una posición muy reticente a cambiar las condiciones monetarias. A su juicio la liquidez europea es más que suficiente. M3 crece por encima de 7% (y por ende por encima del «blanco» de política) y el crédito bancario se expande a un ritmo anual de 5%..
P.: Sin embargo la presión sobre el BCE arreciará; sobre todo si la FED se mueve el próximo 6 de noviembre.
G.G.: La presión ya existe. Y proviene de los lugares que uno menos hubiera imaginado.
P.: ¿De dónde?
P.: El viejo Bundesbank hubiera prestado oídos sordos.
G.G.: El BCE está, paradójicamente, en una situación peor que lo que estaría el Bundesbank para atender el problema. No se olvide que su obligación es calibrar la política monetaria en función de las condiciones que rigen en la totalidad del área del euro. Hoy Alemania -per se-necesitaría una dosis mayor de estímulo que sus vecinos... Pero el BCE -por expresa definición-no es un sastre a medida. Ofrece un único talle de política monetaria.
P.: Me imagino que escuchar a Romano Prodi -el presidente de la Comisión Europea-decir que el pacto de estabilidad es una «estupidez» no hace las cosas más sencillas...
G.G.: Los Estados Unidos giraron, en un año, de superávit fiscal a déficit, en un viraje de más de 300 mil millones de dólares en un solo acto y nadie se rasga las vestiduras. En Europa hay un deterioro fiscal menos pronunciado quizás pero que marcha a contramano de todos los tratados que se suscribieron precisamente para darle credibilidad a la moneda común.
P.: Europa ha quedado prisionera dentro de su propia celda...
G.G.: Es cierto. El pacto de estabilidad -le recuerdo, un fruto del acendrado temor sajón a la prodigalidad fiscal latina-le pone un límite de 3% del producto bruto al déficit fiscal admisible en cada país. Portugal incumplió esa frontera el año pasado con una brecha de 4,1%. Pero este año se sumarán los tres peces más gordos del área: Alemania, Francia e Italia. En los hechos, el pacto de estabilidad ha quedado reducido a una mera hoja de papel pintado. El BCE puede pensar que, dado el desarreglo fiscal, lo más prudente es mantener tensa la cuerda de la política monetaria...
P.: ¿También Alemania se pasará de la raya?
G.G.: También. Es el único que, hasta ahora, lo ha reconocido. Hans Eichel, el ministro de Finanzas, lo admitió esta semana. Aunque no pudo precisar el margen estimado de incumplimiento. La recaudación impositiva se le está desmoronando...
P.: No parece el mejor escenario para la suerte del euro...
G.G.: No lo es. Aunque está resistiendo la tempestad mejor de lo que se hubiera imaginado.




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