18 de octubre 2002 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien se denomina Gordon Gekko, en alusión al personaje que Michael Douglas interpretó en la película «Wall Street». El tema excluyente es la recuperación de la Bolsa en las últimas ruedas, que Gekko anticipó la semana pasada, cuando dijo que Wall Street iba a comenzar a subir antes de fin de octubre.)

Diálogos en Wall Street
PERIODISTA: ¿Quería un rally en la Bolsa? Más no puede pedir. Fueron cinco días de suba explosiva y apenas uno de baja. A contramano del pesimismo que se respiraba en todos los rincones. ¿Cuánto recuperaron las acciones?

Gordon Gekko:
De punta a punta, 18% en el caso del Dow. A grandes trazos, el repunte abarcó un recorrido de casi 1.100 puntos. De 7.200 a 8.274.

P.: Me imagino que la pregunta obligada es si la recuperación tocó a su fin o si todavía queda combustible para una suba.


G.G.:
No me vendría mal conocer la respuesta.

P.: ¿Cuál es su impresión?

G.G.: Primero pensaba que el mercado podía cambiar de dirección en una moneda. Y eso fue lo que sucedió. Un típico rally de mercado «bear» (bajista). Tal vez breve pero, eso sí, muy vibrante.

P.: De acuerdo, pero ¿le quedará resto?


G.G.:
En julio-agosto -en el plazo de un par de semanas-, el mercado trepó 20% (y si en vez del Dow, considera el S&P 500, una canasta más amplia, y por ello más representativa, la suba fue de 24%). Ese es el último antecedente de un movimiento similar.

P.: O sea que tal vez haya espacio para una nueva remontada...


G.G.:
Sí. Después de los atentados del 11 de setiembre -después de que el mercado se estabilizó, quiero decir-, también tuvimos un rally vigoroso. Y no tan breve. De los 8.000 puntos en setiembre pasamos a los 10.700 en marzo. Un salto de 33%.

P.: En todos los casos, se trató de una «falsa señal». Quien apostó a la suba pensando que comenzaba una nueva fase «bull» (alcista) terminó perdiendo dinero.


G.G.:
Es simple verlo. Un Dow de 8.000 puntos provocaba pánico un año atrás. Hoy es casi un signo de robustez... Así como en los mercados «bull» toda baja es una oportunidad de compra, en los mercados «bear» toda suba es una ocasión decente para salir de la trampa en que se ha convertido una posición de acciones.

P.: En otras palabras, ese apuro por desprenderse de las acciones es el «techo» de la recuperación de la Bolsa.


G.G.:
Pero no se olvide que una semana atrás la Bolsa parecía un certamen de tiro al pichón. Todo el mundo sabía que tenía que bajar. Era, en apariencia, su destino inexorable. Quien se haya vendido en descubierto -quien haya vendido acciones tomadas en préstamo con la expectativa de recomprarlas luego a un precio más bajo- es el principal jugador en este trance. En la medida en que cancele su posición «corta», más estimulará la suba. Y, por ende, más difícil se hará para los demás dejar las posiciones abiertas.

P.: Hay un efecto de retroalimentación.


G.G.:
Definitivamente. Y en el fondo, como este repunte surge tras romper una capa de pesimismo muy espesa, contaminada con cuestiones no económicas como la guerra con Irak, que no son de equilibrada digestión, simpatizo con la idea de que este avance puede tirar más, puede seguir triturando posiciones que prometían una ganancia «segura»; como quien dice, a prueba de balas.

P.: Wall Street puede cotizar bajo. Sufrir el maltrato de un mercado «bear». Pero, aun así, su dirección todavía marca el rumbo para el resto de las Bolsas del mundo. Cuando cae y también cuando le toca subir.


G.G.:
Esto es así. Si abrigaba alguna duda, me imagino que estos acontecimientos recientes le habrán reconfirmado esa convicción. Hay un liderazgo que no se discute. Pero, por eso, precisamente, es que este mercado «bear» es tan duro, tan difícil de sobrellevar. Si usted vende las acciones en Estados Unidos y compra el Footsie (índice de la Bolsa) en Londres, en rigor, no va a ninguna parte. La única manera de ponerse a salvo del derrumbe ha sido emigrar de las acciones en general, no cambiar de plaza.

P.: Las ganancias por diversificación no han sido tan importantes como pregonan los libros de texto.


G.G.:
Las plazas principales se han movido en tándem, un comportamiento que insinúa una integración mucho mayor que la que verdaderamente puede verificarse si uno revisa la composición internacional de los portafolios.

P.: Hay otra diversificación que sí ha pagado con creces.A la par de los nubarrones accionarios, hubo también un boom en bonos del Tesoro. En el tercer trimestre, los tenedores de estos instrumentos se anotaron ganancias de capital de dos dígitos...


G.G.:
Es muy correcto. Y, de nuevo, los bonos del Tesoro de los diversos países G-7 se han movido en bloque. Han sido una excelente protección, más allá de la elección específica del país (si uno excluye los efectos del tipo de cambio).

P.: Esto opera en los dos sentidos. Cuando la Bolsa baja y cuando sube. Los bonos, el oro, inclusive el franco suizo, son víctimas ahora de esta abrupta resurrección de las acciones. ¿También cree que habrá mayores retrocesos en esos campos?


G.G.:
Es posible. Aunque la correlación no tiene por qué ser tan estrecha en la medida en que la Bolsa siga subiendo. Pero es claro que los precios exorbitantes de los bonos del Tesoro -o, lo que es lo mismo, sus irrisorios rendimientos- respondían a la percepción creciente de una debacle en curso en la Bolsa. No digo que ese escenario haya que borrarlo pero sí que se ha tomado, al menos, un oportuno respiro.

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