14 de marzo 2003 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(Existe la impresión de que la guerra entre Estados Unidos e Irak será rápida y prolija, dando lugar a pensar en un rally alcista de proporciones en el mercado bursátil americano. Esta es la lectura que realizó nuestro experto financista enfundado bajo el personaje de Gordon Gekko, de la película «Wall Street».)

Diálogos en Wall Street
PERIODISTA: Todos los caminos conducen a Bagdad. Todas las respuestas que hoy angustian a los inversores se cifran en Irak. ¿No se exagera su importancia?

Gordon Gekko: Hoy por hoy, Wall Street tiene un «techo» provisto por la cuestión de Irak, pero no tiene «piso»... por gentileza del mercado bajista («bear») en curso. Ese es el papel de Irak. Ni más ni menos. Un inversor en acciones tiene que esperar que se resuelva la indefinición sobre Irak para aspirar a que el mercado remonte vuelo; mientras tanto, puede estallarle una «granada» en su portafolio.


P.: Una granada como la cadena de supermercados Ahold...

G.G.: Por ejemplo. Que como todos saben, nada tiene que ver con Irak. Son los Arthur Andersen -y no los Saddam Hussein- quienes han perfeccionado el arsenal de armas contables. O, alternativamente, el mercado, en su conjunto, puede descender un escalón, costumbre que distingue precisamente a los mercados bajistas y que lleva tiempo desterrar cuando se tornan crónicos.


P.:
O sea que la amenaza de guerra en Irak limita las posibilidades de una suba, pero deja intactos los riesgos.

G.G.: En rigor, los acrecienta. Esa es la idea. Esa, por otra parte, es la dinámica (suave pero persistente) que ha gobernado los mercados desde enero. Por el precio de un boleto de ida y vuelta, el fantasma de Irak ha cancelado el tramo de ida y lo ha dejado a usted sólo con un ticket de regreso.


P.:
Subyace, sin embargo, la impresión de que la guerra será rápida y prolija y que, de su mano, puede sobrevenir un rally alcista de proporciones.

G.G.: Así es. Diría que es la impresión dominante.


P.:
¿Usted la comparte?

G.G.: Son dos afirmaciones independientes y me parecen que reflejan, cada una de ellas, la circunstancia más probable. Por supuesto usted podría acertar en una predicción y errar en la otra. Sin embargo, me parece que las dos definen bien el escenario que tenemos por delante.


P.:
Si esto es así, ¿por qué no deja traslucir un entusiasmo mayor por la Bolsa?

G.G.: Simplemente, porque no se sabe cuándo comenzará la guerra. En enero, la idea era que las acciones militares estuvieran en marcha a mediados de febrero. En febrero, el horizonte se corrió a mediados de marzo...


P.:
¿Cree que habrá una nueva postergación?

G.G.: El presidente Aznar le ha pedido a Bush más Colin Powell y menos Donald Rumsfeld (en referencia al belicoso secretario de Defensa). Tony Blair no lo ha dicho, pero es obvio que precisa la misma receta para consumo interno. Si Bush les hace caso, no sería extraño que la definición militar se traslade hacia abril.


P.:
¿Cree que eventualmente la guerra podría aplazarse?

G.G.: La fecha sí; la guerra en sí me parece inexorable.


P.:
Aún si Rusia y Francia bloquean una segunda resolución en el seno del Consejo de Seguridad...

G.G.: La decisión de fondo está tomada. Estados Unidos -Bush- ya tomó la decisión. No hay diferencias entre Powell y Rumsfeld sobre la cuestión de fondo. Sí en las formas. Pero si el camino de Naciones Unidas se obstruye, no tenga dudas de que se procederá igual. Lo que resulta dudoso son los tiempos.Y para los mercados ésa es hoy la incertidumbre más relevante.

P.:
La espera es lo más corrosivo en su opinión...

G.G.: Sí. Piense que la guerra puede ser una senda victoriosa y breve. Que la Bolsa puede responder con un rally muy vigoroso. ¿Pero a partir de qué nivel? ¿Será capaz el Dow de resistir en la preguerra y mantener valores por encima de los mínimos que marcó en julio y octubre pasado? ¿O estaremos hablando de un rally alcista que arranca por debajo del umbral de los 7.000 puntos y que de movida se asemeja al típico rebote del «gato muerto»?


P.:
Son dos mundos distintos.

G.G.: Créame que completamente diferentes. Un mercado bajista está plagado de subas pujantes que no conducen a ningún lado. Si, en cambio, la Bolsa consigue hacer pie sobre los 7.000-7.200 puntos -soportando el chubasco de un contexto adverso como el actual-, pienso que habrá mucho dinero disponible para apostar a una suba que perfore, por fin, los 9.000 puntos que intentó pero no pudo atravesar ni en agosto, ni en diciembre ni en enero.

P.: La guerra puede ser corta. Pero nadie puede garantizarlo. ¿Qué factor puede alterar los pronósticos?

G.G.: No soy un experto militar. Habrá decenas de variables para elegir. Pareciera, sin embargo, existir un amplio margen para el error. El general Myers -del Estado Mayor Conjunto- ha dicho que la guerra será muy diferente que la del Golfo. Que habrá un bombardeo muchísimo más intenso y breve. Habló de tres mil bombas en 48 horas. El general Myers trabaja en el Estado Mayor Conjunto, le aclaro, no en el fondo Magellan de acciones. Supongamos que Myers se equivoca y tarda el doble. No habrá dramas. La Guerra del Golfo, después de todo, requirió 39 días de bombardeos antes de movilizar las tropas.Y ese tiempo también califica para ser catalogado como breve.

P.: Es como si nada pudiera fallar...

G.G.: Para mí la incógnita es la posición de Irán. Usted sabe que Bush -hace más de un año- habló del «eje del mal» como el enemigo a combatir.

P.: Irak, Irán y Corea del Norte.

G.G.: Así es. Irán es el único que todavía no ha movido sus fichas. Pero es el paso lógico de Bush una vez tomado el control de Irak. El conflicto con Irán es tan inexorable como lo era el de Irak, cuando Bush se concentraba exclusivamente en deponer al régimen talibán y no hacía mención a Saddam Hussein.

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