22 de mayo 2003 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien, para no identificarlo, se lo menciona como Gordon Gekko en alusión al personaje que interpretó Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es el fin de la política de «dólar fuerte» que rigió durante 9 años en los Estados Unidos. La caída de la moneda norteamericana en el mundo complicó los mercados y la economía europea, que ve la moneda única fuertemente revaluada.)

PERIODISTA: Es oficial. La política del dólar fuerte ha muerto ¿Cuál es la nueva consigna?

Gordon Gekko: Que el mercado decida.


P.:
El mercado ya parece haber tomado una decisión.

G.G.: Así es. Bienvenido pues a la vieja tradición de la negligencia benigna...


P.:
El dólar es nuestra moneda pero vuestro problema...

G.G.: Es un déjàvu. Es notable cómo se confunden los caminos de John Snow y Lloyd Bentsen (el primer secretario de Hacienda del gobierno de Clinton) una década después. Sólo que ahora no es el yen, sino el euro el que lidera la embestida...


P.:
Estados Unidos no ofrece reparos a que la caída del dólar se profundice...

G.G.: Como con la baja de tasas de interés o con el aumento del déficit público, la voluntad subyacente en la política monetaria y fiscal es una sola: hay que perseverar en el estímulo. Hay que desplazar los límites. Agresivamente.


P.:
Suena imprudente...

G.G.: Depende del cristal con que lo mire. En el Japón de los '90 -luego que estallara la burbuja de precios- nada resultó más imprudente que la cautela.


P.:
¿Cree que las decisiones del Tesoro y de la Fed están cifradas en el temor a quedar atrapados por el fantasma de Japón?

G.G.: No se puede negar que ése es el marco en el que estas decisiones lucen más
acertadas. Las tasas de interés se ubican en los niveles mínimos de los últimos cuarenta años. El déficit fiscal, por su parte, dada su creciente envergadura, se proyecta a un nuevo récord.Y, sin embargo, estamos en la antesala de una renovada ronda de estímulos...

P.: El presidente Bush piloteando la aprobación de un nuevo paquete de recortes impositivos en el Congreso...

G.G.:Y la Fed ejerciendo su influencia a lo largo de toda la curva de rendimientos. El comunicado que mentaba el riesgo de deflación hizo maravillas en las tasas de largo plazo.


P.:Y
en junio tocará las tasas de corto hacia abajo ¿No cree?

G.G.: Hoy parece el escenario más probable. Me imagino que la Fed querrá preservar el «carry» positivo de los bonos de largo plazo...


P.:
Bajar el costo de financiar esas posiciones...

G.G.: Exacto. Y dejar que los bancos permanezcan saludables devengando las utilidades que les deja su natural descalce de plazos...


P.:
¿Hasta dónde seguirá la caída del dólar ahora que el secretario Snow le ha dado vía libre?

G.G.: Hasta que resulte contraproducente con la intención de maximizar el estímulo a la demanda agregada.


P.:
Entonces no estamos muy alejados. Las Bolsas internacionales ya se anoticiaron de la turbulencia en los mercados de monedas esta semana...

G.G.: Los inversores van a insistir. Es lógico, dado que el secretario Snow les ha ofrecido un almuerzo gratis. A estas cotizaciones querrán saber si la invitación también incluye el postre.


P.:
¿Cuál es el próximo paso de los bancos centrales? Una guerra de devaluaciones competitivas no beneficiará a nadie...

G.G.: Tarde o temprano tendremos intervención. Concertada. Hay incentivos muy grandes para la cooperación. Aunque un residuo de la nueva realidad global pos-Irak es ignorar si la voluntad de coordinación no ha quedado dañada por la confrontación entre Estados Unidos y el eje Francia-Alemania.


P.:
Hasta ahora cada uno se ha movido por su cuenta. O no se ha movido.

G.G.: Correcto. El Banco de Japón ha permanecido muy activo desde comienzos de año para impedir que el yen se aprecie en momentos en que la economía se estancó de nuevo, hubo que nacionalizar el quinto conglomerado bancario para salvarlo de la bancarrota y el SARS genera extrema sensibilidad. Por efecto cruzado esta actitud ha aumentado la presión sobre el euro.


P.:
La Fed habla de un riesgo de deflación con un dólar que se cae a plomo ¿Qué debería decir el Banco Central Europeo?

G.G.: Tome la cesta de commodities del índice The Economist. Su precio en dólares ha trepado 11% en un año. El oro ha subido 10%. En cambio, tome la canasta en euros y observará una declinación de 10,7% en sus precios. Es allí donde se están incubando las cepas de deflación con mayor virulencia. Piense en el caso de Alemania. Ningún signo de crecimiento en los últimos 6 meses y además en camino, por segundo año consecutivo, a incumplir el límite máximo de desequilibrio fiscal de 3% del PBI.


P.:
Incumplimiento que lo pone al borde de una multa que podría llegar a medio punto del PBI conforme al Pacto de Estabilidad que la propia Alemania le impuso a sus compañeros de ruta de la eurozona...

G.G.: Olvide la multa. Pero piense que habrá que cambiar la arquitectura del euro. Y hacerlo rápido si se quiere evitar males mayores. Amarrado a este chaleco de fuerza, es Alemania, y no Estados Unidos, el gran candidato a la deflación...

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