17 de junio 2003 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien para no identificarlo se lo designa con el apodo de Gordon Gekko, el personaje que interpretara Michael Douglas en la película "Wall Street". El tema es la fuerte suba de las Bolsas neoyorquinas, donde se analizan hasta dónde puede llegar este avance y su relación con las tasas de interés y la caída del dólar en el mundo.)

PERIODISTA: No se observaba tanto entusiasmo en Wall Street desde los tiempos del gran mercado «bull» a comienzos de 2000. Las acciones han recobrado el protagonismo pleno...

Gordon Gekko: Es una buena corrida. Y -como resultado- los índices han quebrado la valla de contención que suponían niveles críticos como los 9.000/9.100 puntos para el Dow Jones o los 1.000 puntos para el SP 500...


P.:
¿Dónde se detiene la suba? ¿Cuál es la próxima estación?

G.G.: Veo el terreno muy despejado ahora que se aprobó el examen más exigente. No se olvide que no se trata de un ascenso vertical. Los mercados han estado trabajando la suba desde el 12 de marzo. Ha sido un proceso de digestión lenta; con muchas idas y vueltas, con guerra en Irak, y sin guerra, y sobre todo con predominio de malas noticias económicas y un trasfondo de fuerte cambio de manos.


P.:
El cielo es el tope...¿No hay límites?

G.G.: Uno puede pensar que este rally todavía tal vez avance 10% más. No es para desdeñar.


P.:
Con el SP 500 cotizando a 20 años de ganancias, la valuación de las acciones ¿no constituye una exageración?

G.G.: Muy probablemente. No lo discuto.


P.:
Sin embargo, no es un factor de peso.

G.G.: Si lo fuese, el rally ya hubiera abortado. Sucedió así el año pasado en sendas oportunidades.


P.:
¿Cuál es el mantra si la valuación no importa?

G.G.: Una rara combinación de «momentum» favorable con toneladas de liquidez ociosa y disponible para ser invertidas en la Bolsa si la Bolsa pudiera dar garantías de que el «rally» no es un engaño. Por eso era clave, a mi juicio, demostrar que la suba podía barrer los «techos» alcanzados en los repuntes de la segunda mitad de 2002.


P.:
Aquí hay un rol para que lo juegue la Reserva Federal.

G.G.: Definitivamente. La Fed ha sido muy importante desde que puso el riesgo de deflación sobre el tapete. Alan Greenspan prestó una inestimable colaboración machacando sobre el asunto.


P.:
Que la Bolsa trepe porque la deflación es una amenaza a la vuelta de la esquina no deja de ser una paradoja...

G.G.: Nadie compra la tesis de la deflación. Nadie que compra acciones. Lo que se compra es el guiño de la Fed.


P.:
El mensaje de que las tasas de interés van por una nueva reducción...

G.G.: El mensaje es más amplio: la política monetaria es un aliado del inversor en activos de riesgo. Hoy por hoy ambos comparten intereses comunes.


P.:
Es en aras de esos objetivos comunes que junio terminará con un recorte de tasas.

G.G.: Eso pienso.

P.: ¿De qué magnitud? ¿Medio punto quizás?

G.G.: Yo soy de los que todavía milita en la hipótesis del cuarto de punto. Pero cada vez son más quienes favorecen un movimiento más agresivo, de medio punto. Los futuros de tasa revelan una probabilidad implícita de 65% de que sea ello lo que a la postre ocurra.


P.:
Por qué cree entonces que Greenspan sólo tocará un cuarto de punto...

G.G.: Para retener un margen mayor de la munición tradicional. Lo que a su vez apuntalaría la imagen de mantener el control sobre la situación. Me queda claro que con el tema de la deflación la Fed ha inaugurado una fase no ortodoxa en la gestión de la política monetaria. El «target» ya no es tanto la tasa de corto plazo como toda la curva de rendimiento; o sea, se incorporan las tasas de los bonos largos.


P.:
Interesante...

G.G.: Con tasas cortas acercándose a cero, la Fed deberá migrar su enfoque: de fijar precio a controlar cantidades. O, alternativamente, ocuparse del precio de los bonos largos. Pienso que la decisión final será salomónica: se complementarán ambos aspectos. Tenga presente que si la economía no responde a satisfacción, la Fed no demorará mucho en comprar bonos del Tesoro como mecanismo de estímulo. Ben Bernanke -un gobernador de la Fed- ya lo anticipó el año pasado.

P.:
Por ahora se prefiere que los bonos los compren los inversores de verdad...

G.G.:A ellos, en rigor, está expresamente dedicada la partitura de la deflación que ejecuta la Fed. No lo dude. Qué mejor que un mercado de bonos firme le cuide las espaldas a la Bolsa.


P.:
Parece que llegó la hora de bendecir un nuevo «bull market», un nuevo mercado alcista...

G.G.: No lo veo tan así. Que las acciones vayan a continuar su empuje, sí. Pero que daremos vuelta la página después de tres años durísimos para retornar a una bonanza duradera como en los '80 o '90...no me convence.A menos que la economía retome ese mismo fuego. No creo. Así, tarde o temprano, los problemas de valuación emergerán como un serio escollo.

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