Diálogos en Wall Street
(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien, para no identificarlo, se lo menciona como Gordon Gekko, en alusión al personaje que interpretó Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es la revalorización del dólar frente al euro y el enorme déficit de los Estados Unidos.)
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Gordon Gekko: No es una circunstancia de fácil digestión para el euro, desde ya. Pero, como siempre, se exagera.
P.: ¿No piensa que llegó la hora de abandonar el euro?
G.G.: Demasiado tarde. Cuando el momento propicio estaba maduro, recuerde, todos pugnaban por subirse al tren.
P.: Cuando el euro apuntaba a quebrar el umbral de 1,20...
G.G.: Por ejemplo. O cuando rompió 1,15 en alza.
P.: ¿Cree que el euro se recuperará?
G.G.: No lo hará en el corto plazo. Está en posición muy vulnerable. Pero pienso que sí, que el movimiento de apreciación del euro es una tendencia que resistirá estas vicisitudes y que ha llegado para quedarse algunos años. En realidad, sólo se ha desplegado en su primera parte...
P.: Interesante. Pero no imagino que la suya sea una opinión que encuentre mucho eco en la actualidad...
G.G.: No se preocupe. Si bien era la impresión dominante cuando el euro no hacía otra cosa que subir, es comprensible que la opinión convencional migre en la misma dirección que tomó la moneda. El problema reside en que los mercados de divisas son volátiles en extremo. Es su propia naturaleza.
P.: Me explico. No veo muy fácil para el euro transitar una coyuntura donde todos los días los indicadores económicos son muy robustos en los Estados Unidos y, por el contrario, las noticias que vienen de Europa confirman que, uno a uno, todos los países de la zona del euro están cayendo en recesión...
G.G.: No dije que fuera sencillo. No lo será. Pero piense que si el diferencial de crecimiento entre los Estados Unidos y el resto del G-7 se ensancha sobremanera, como todo parece sugerir, también se ahondará el déficit de cuenta corriente de los Estados Unidos en una magnitud significativa.
P.: Y ya se ubica por encima de los 5 puntos del PBI...
G.G.: Correcto. Con mucha facilidad trepará a 6 o 7 puntos del PBI. Esas son aguas que no hemos navegado antes...
P.: No se quedarán los Estados Unidos sin financiamiento de manera abrupta, que es la forma como suelen terminar estas historias en los países menos sofisticados...
G.G.: De acuerdo. Pero créame que tampoco ese proceso continuará ad infinitum.
P.: ¿Habrá una crisis?
G.G.: No se precisa una solución traumática. Después de todo, hemos visto el dólar cayendo más de 20% contra el euro sin que se desate turbulencia... Pero eso no significa que tarde o temprano no habrá que ajustar...
P.: Podría ser más tarde que temprano... Y, mientras tanto, el euro deberá bailar con la más fea.
G.G.: Así parece. Pero mucho va a depender del mercado de bonos. Si las tasas largas se estabilizan, el euro se verá mejor apuntalado.Y ésta es una referencia válida para el corto plazo.
P.: El euro es una víctima del desbarranque de los bonos...
G.G.: Véalo así. En un horizonte no muy extenso, el dólar es una apuesta a la recuperación. Una apuesta a la Bolsa. El euro, en cambio, es una ficha jugada a favor de los bonos, a favor de la tesis de la deflación que esbozó la Fed...
P.: Como los niños, le pregunto otra vez, ¿por qué?
G.G.: La imagen apropiada es la del desborde de estímulo fiscal y monetario por parte de los Estados Unidos. La utilización de las herramientas no tradicionales que también ha sugerido la Fed, como la compra lisa y llana de bonos... El euro era, y es, un refugio natural frente a esa circunstancia. Europa, llegado el caso, recurrirá a la misma medicina, pero controlará la dosis. Por suerte, hoy el escenario ha cambiado; la encrucijada comienza a resolverse a favor de un rebrote de actividad en los Estados Unidos y en el resto del mundo. Y los bonos y el mercado de monedas acusan lógico recibo. Pero todavía los bonos largos no han terminado de hacer pie...




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