Diálogos en Wall Street
(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien para no identificarlo se lo denomina Gordon Gekko, en alusión al personaje que interpretara Michael Douglas en el film «Wall Street». El tema es la reactivación de los Estados Unidos que está provocada por el aumento del gasto público y de la producción. Según Gekko el ritmo de crecimiento es sostenible.Y observa un fenómeno: el crecimiento se hace sin generar empleo.)
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Gordon Gekko: No. Ni tampoco un problema de mala medición.
P.: Pero la economía ¿avanza o retrocede?
G.G.: Hay tres fenómenos en curso. Un fuerte aumento del gasto, un repunte de la producción que lo corre de atrás y ahora trata de no perderle pisada y, a la par, una economía que todavía destruye empleos. Los tres procesos operan hoy en simultáneo. P.: ¿Cómo es posible?
G.G.: No hay dudas de que la productividad se está disparando...
P.: Muchísimo...
G.G.: Correcto. En los últimos cuatro trimestres, medidos a fin de junio, el incremento de la productividad no agrícola es de 4,1%.
P.: Suena como un registro muy elevado para una economía como los Estados Unidos, que no sólo es enorme en tamaño sino que se ubica en la frontera misma de la tecnología.
G.G.: Lo es.Y también puede calificarlo como espectacular y, esta vez, no estará exagerando.
P.: ¿Es un ritmo sostenible?
G.G.: De hecho el avance no sólo se sostiene sino que se está acelerando.
P.: ¿Tiene una idea de cuánto?
G.G.: Comparando los tres meses finalizados en junio con igual período a marzo, el aumento alcanza a 6,8% anualizado. En otras palabras: se produjo 4,4% más con una reducción de 2,3% en las horas trabajadas.
P.: De ahí que la economía repunte pero no lo haga el empleo.
G.G.: Definitivamente. La demanda final no crece tan de prisa como lo hace la productividad.
P.: El aumento del gasto que provoca la baja de impuestos debería permitir nivelar pronto esa brecha.
G.G.: Debería. Pero no ha ocurrido, como lo demuestra la sistemática caída del empleo en julio y agosto. La demanda aumentó, sí, pero la productividad se aceleró.
P.: ¿Será que las empresas no están convencidas de una recuperación duradera? Y ello las vuelve reacias a contratar nuevo personal.
G.G.: Es una hipótesis plausible. Pero -sea cual fuere la razón última- lo que impresiona es que la mayor demanda pueda ser atendida sin aumentar la dotación de empleados, ni aumentar las horas extra, ni tampoco aumentar los precios.
P.: En los '90 se acuñó el término de «nueva economía» para justificar la creciente valuación de las acciones en Wall Street. Todo el énfasis puesto en el aumento de la productividad de entonces no impidió que la burbuja finalmente explotara ¿Cómo habrá de impactar ahora en la Bolsa?
G.G.: La parte del león del boom de productividad de la segunda mitad de los '90 se la llevó el factor trabajo. Fíjese que las ganancias empresarias tocaron su máximo nivel en el tercer trimestre de 1997 según las cuentas nacionales. La economía seguiría creciendo luego, lo mismo que la productividad y, más aún, los precios de las acciones pero la rentabilidad (derivada de la producción corriente) no.
P.: Esto las empresas lo supieron maquillar muy bien.
G.G.: Por un tiempo, sí. Pero finalmente explotó. La historia ahora es muy diferente: el capital se está llevando la mayor tajada de los ingresos.
P.: Sucede que cambiaron las condiciones del mercado de trabajo.
G.G.: Tal cual. Y la productividad está aumentando más de prisa en los sectores de servicios que son intensivos en el uso de trabajo. Este patrón también resulta novedoso aunque siempre haya que tomar con pinzas las mediciones en las áreas de actividad que producen intangibles.
P.: ¿Cuál es su conclusión? Las utilidades empresarias van a sacar mayor provecho que en los '90.
G.G.: De hecho las cuentas nacionales ya señalan un nuevo máximo en el volumen de ganancias corporativas en el trimestre abril-junio.
P.: Suena alentador. Pero la Bolsa camina con pie de plomo.
G.G.: Lo bien que hace. Es natural que nadie se apresure a comprar espejos de colores de nuevo.
P.: Me imagino que deben ser también muy buenas noticias para los tenedores de bonos, tan golpeados ellos por la resurrección abrupta de la economía internacional...
G.G.: Sí, señor. Aproximan el escenario que esbozó la Fed a través de Ben Bernanke. La posibilidad de un matrimonio bien avenido entre recuperación económica robusta y desinflación perdurando hasta bien entrado 2004. Y la promesa de la Fed de mantener sine die la tasa de fed funds en 1% (o eventualmente bajarla) resulta mucho más creíble dado este contexto. Esto es un bálsamo para los bonos y, por esa vía, un muy buen respaldo para las acciones.




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