Diálogos en Wall Street
Los vientos de guerra comercial hundieron los precios de las acciones y nos llevan a consultar a Gordon Gekko, nuestro experto en Wall Street.
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P.: No suena muy reconfortante. Así podemos fundirnos todos.
G.G.: Usted lo ha dicho.
P.: La política se desentiende, sí, ¿pero hasta dónde? Los operarios de Harley Davidson no se lo tomarán a la ligera. Y si Wall Street abandona su flema y pasa la factura no le cuento. Nadie podrá ignorar el asunto.
G.G.: Las Bolsas chinas S-hanghái y Shenzen- están al borde de caer un 20% desde sus topes, al filo del mercado bear. Medio Wall Street - Nasdaq y Russell 2000 - estrenó récords la semana pasada. Y los índices principales, el S&P500 y el Dow, que corrigieron fuerte en febrero y abril, están más cerca de los máximos que del piso adonde los llevó el resbalón.
P.: La noticia es que la Casa Blanca le prohibiría a China invertir en firmas de tecnología de los EEUU (y bloquearía ciertas exportaciones Hi Tec).
G.G.: Wall Street recula. Trump, no.
P.: A la par, el presidente chino, Xi Jinping, manda decir que en su cultura, ante una agresión, no se acostumbra poner la otra mejilla sino devolver el golpe.
G.G.: El secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, desmiente que las medidas sean contra China ("fake news"). Afirma que son de carácter general, destinadas a todos los que roban tecnología de los EE.UU.
P.: No es muy distinto. El robo es la acusación que le hace Washington a Beijing, ¿o me equivoco?
G.G.: Basta leer los libros de Peter Navarro, el titular del flamante Consejo Nacional del Comercio, para tener una descripción con lujo de detalles.
P.: Trump podrá estar equivocado pero no mintió. Prometió esta batalla durante las elecciones, y en ese afán está metido. ¿Hasta dónde llegará?
G.G.: Es imposible ignorar los tambores de guerra. Pero, así y todo, si uno revisa las medidas detecta que son de alta intensidad mediática pero todavía muy acotadas y de bajo impacto económico.
P.: Es el juego de la gallina.
G.G.: De hecho, China ha sido exceptuada. Recién el 6 de julio, el viernes de la semana próxima, entrarían en efecto las restricciones específicas, que recaerán sobre un universo de 34 mil millones de dólares de importaciones. Un segundo tramo de 16 mil se sumaría más adelante.
P.: Como un calco, en las mismas fechas, y por los mismos montos, Beijing tomará represalias.
G.G.: Ojo por ojo.
P.: Primero Trump habló de 50 mil millones de dólares; luego, del doble, y más tarde pasó a 200 mil millones. El fin de semana ya eran 400 mil millones. ¿Son cifras con algún asidero o mera pirotecnia verbal?
G.G.: Hablar es barato, a menos que Wall Street se deprima. Lo que el presidente nos quiere decir es que EE.UU. importa 500 mil millones de dólares desde China y sólo exporta por 130 mil millones (en 2017). Es la lógica que le cité: nosotros le podemos hacer más daño a ellos que viceversa.
P.: Un momento. Las represalias no tienen por qué ser sólo comerciales.
G.G.: Por supuesto. Y el tiro puede salir por la culata. Si vamos a lanzar piedras y romper vidrieras conviene tener presente que la capitalización de las bolsas chinas no llega a los 9 billones de dólares mientras que la de Wall Street excede los 32. Y, no olvidar, en noviembre en EE.UU. hay elecciones. Xi Jinping no tiene esa molestia.




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