Héctor
Méndez y
Vicente
Mastrocola en
la Casa
Rosada.
Hoy al mediodía podría plantearse en el seno de la Unión Industrial Argentina un debate que no se registraba desde hace un par de años, cuando la central fabril estaba dividida en dos fracciones enfrentadas. Es que durante la sesión de la Junta Directiva, un colegiado que conforman sesenta representantes de cámaras sectoriales y del interior, seguramente más de uno de esos representantes pedirá explicaciones sobre la presencia de la UIA entre los firmantes de una solicitada apoyando de manera irrestricta al gobierno.
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El orden del día aparece como inofensivo: se tratarán los «informes del presidente y del secretario» y la memoria y balance del ejercicio 2005; después el laboralista Daniel Funes de Rioja hará un resumen del estado de situación en lo que hace a las controvertidas leyes laborales que impulsa el diputado Héctor Recalde tras su áspero encuentro de la semana pasada. Sin embargo, en algún momento de la asamblea sin dudas surgirá la pregunta sobre la génesis y las razones de esa solicitada.
Tal como relatara ayer este diario, el documento fue pensado en el Ministerio de Planificación que capitanea Julio De Vido y redondeado por los empresarios, con el agregado casi a último momento de la firma de la CGT que encabeza Hugo Moyano. La idea oficial era mostrar un «frente unido» entre capital y trabajo, algo que en algún momento podría haber sido considerado hasta corporativo pero que en vísperas de «la plaza del sí» -a ojos del gobierno- era una necesaria muestra de «unidad nacional».
Y si bien los que actúan en esta parte del país aprobaron el documento, los empresarios del interior se enteraron por los diarios, por lo que no se descarta que las voces más duras sobre esta cuestión provengan de sus representantes.
En tanto, y para seguir ofreciendo pruebas de su alineamiento, Moyano y Héctor Méndez volvieron a hacerse ver juntos ayer en la Casa Rosada. El presidente de la UIA había concurrido a la sede del Ejecutivo en su condición de presidente de la Cámara de la Industria Plástica, con la intención de firmar allí, en presencia del presidente Néstor Kirchner y de su ministro de Trabajo, Carlos Tomada, el acuerdo salarial con el gremio que encabeza Vicente Mastrocola: 19% en cuotas.
Allí se encontró con la « sorpresa» de la presencia del camionero, y tras la firma debió salir a aclarar que «en ningún momento hablamos con el Presidente de las leyes laborales». Es que la razón semioficial del apoyo al gobierno había sido una (también semi) promesa de que se frenarían las iniciativas de Recalde. Si dentro del despacho presidencial Méndez le recordó a Kirchner los términos del pacto, sólo lo saben los protagonistas. Lo llamativo es que el dirigente negó haber hablado de esa cuestión a pesar de haber concurrido a la Rosada con dos hombres clave en la estructura de la UIA: Horacio Martínez, naviero y experto en temas laborales, y el vicepresidente Héctor Massuh, quien suele tener participación central en todas las movidas que realiza la central fabril. También Moyano «bendijo» la firma del convenio a pesar de que no había camioneros involucrados.
Acuerdo
No fue la única buena noticia que gremialistas y empresarios le dieron ayer al gobierno, de cara a «la plaza del sí»: también el gremio alimentario, que comanda Rodolfo Daer, aceptó un incremento de 19%, con el agregado de un pago no remunerativo «por única vez» de $ 200. En este caso, sin embargo, no hubo flashes de los fotógrafos de la Presidencia de la Nación: el acuerdo se firmó casi en privado. La razón es que Daer forma parte de los «gordos» enfrentados con Moyano y obviamente el gobierno no iba a darle el beneficio de una foto con el Presidente. Por eso, la firma de ese convenio se produjo en la semioscuridad de la sede del gremio, en el barrio de Montserrat, y sin funcionarios a la vista.
Esto fue así a pesar de que el ministro De Vido llamaba a los empresarios del sector casi a diario para conocer la marcha de esa negociación, dado el enorme peso de los alimentos en el índice de costo de vida, la principal preocupación del gobierno hoy sólo superada por el éxito de «la plaza del sí».
De todos modos, aclararon desde la COPAL, la firma «sólo es para las empresas que hacen fideos, golosinas, conservas, etc., como Nestlé, Arcor, Kraft... En cambio, no rige para las de sectores como carne, aceites, cerveza, bebidas sin alcohol, etc., cada una de las cuales tiene su convenio propio».
Y si bien el porcentaje de suba acordado está dentro de los parámetros fijados por el gobierno, al cancerbero de los precios Guillermo Moreno le costará seguir diciendo «No» (acompañado el adverbio de epítetos más propios de otros ámbitos) a los empresarios que le piden «permiso» para retocar algunos valores. El funcionario, guste o no su estilo, está cumpliendo a pie juntillas las instrucciones que le llegan desde Kirchner vía De Vido, y que apuntan a que el semestre cierre con una suba del IPC levemente superior a 5%. Y para alcanzar esa meta, no hay otra vía que tener «inflación cero» en junio. Por eso, se reitera una vez más (aunque suene a pleonasmo) Moreno no autorizará ninguna suba de precios al menos hasta el 30 de junio. Qué pasará a partir del 1 de julio es otra cuestión.
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