La economía en el reino del revés

Economía

Nada el pájaro y vuela el pez. El Gobierno acaba de difundir mediante la prensa datos e informaciones para intentar aventar la posibilidad de que los mercados sean dominados por ideas acerca de desmedidas presiones sobre el dólar después de las elecciones de noviembre. Ahora bien, para después de las elecciones faltan aún 5 meses y hablar hoy de la economía poselectoral implica abrir hipótesis para ya entrado 2022.

Las informaciones que da el Gobierno son acerca de un buen stock de u$s5.300 millones en bonos en el BCRA para intervenir en el segmento del dólar contado con liquidación, la posibilidad de pagar íntegramente vencimientos con el FMI por u$s 3.800 millones con los fondos que ese organismo repartiría a raíz de la emisión de DEG por aumento del capital social y la posibilidad de pagar algo menos de u$s4.000 millones del resto de vencimientos del segundo semestre con el incremento en las reservas que se ha verificado a raíz de la buena liquidación de divisas por parte de la exportación.

Todo muy correcto. Si se hace un análisis pormenorizado se observará que el cálculo es prolijo, que hay un cierre casi contable y que también existe una previsión acerca de cómo intervenir en el mercado del dólar en caso de que recomiencen presiones fuertes al estilo septiembre/noviembre de 2020. Esto es lo que piensa el Gobierno, esto es lo que va a intentar hacer y el resultado que espera es una dosis mucho mayor de calma de la que surge de los análisis que efectuamos muchos desde el sector privado.

Ahora bien, supongamos por un minuto que las previsiones del Gobierno se cumplen. Y supongamos también que logra la calma tan ansiada para después de las elecciones. Al respecto cabe formular tres grandes interrogantes. El primero de ellos muy práctico. El segundo ya es más bien de consistencia de la política económica y el tercero podría resumirse con aquella vieja pregunta de hacia dónde vamos. Vayamos a ellos.

Primera duda: ¿vamos a seguir con esta idea de financiar la calma en el dólar endeudando al Estado al 15% anual en dólares? En los últimos 9 meses los funcionarios colocaron cerca de u$s3.000 millones de bonos refinanciados en dólares a paridades de mercado.

O sea, a menos del 40%. Vale decir, pagando más del 15% anual en dólares. Entonces, el Tesoro deberá pagar por esos u$s3.000 millones nada menos que u$s450 millones anuales de intereses. Y se trata de una muy minoritaria parte de la deuda pública. Por lo tanto, cabe la pregunta: ¿hasta dónde hay derecho a quejarse del desmadre financiero de 2016/2019 por haberse pagado tasas de interés de entre el 6% y el 9% en dólares en sucesivos bonos si ahora, luego de refinanciar esas deudas a las que se tildó casi de usurarias, se termina financiando unos meses de calma en el dólar endeudando al mismo Estado a tasas de interés en dólares del 15% que son el doble y a veces hasta casi el triple de las que pagaba el Gobierno anterior antes del inevitable default?

Y yendo un paso más adelante: por iniciativa del ministro Guzmán se viene presionando tanto al FMI como al Club de París para que los intereses punitorios no alcancen niveles a los que se calificó de “exorbitantes”. Pregunta entonces: ¿pagar el 15% anual en dólares no es exorbitante acaso? ¿cómo negociar con éxito una reducción en el costo de los intereses si cómo política interna se colocan bonos a tasas de interés mucho más altas que los punitorios de ese organismo y de ese club de países?

Hay que decirlo con toda claridad: no tiene futuro una política de mantener calma financiera y tranquilidad con el dólar a ese costo. Si no se nota y no ocupa grandes titulares es porque además esa deuda se coloca casi por “goteo”, día tras días, sin licitaciones ni anuncios ni comunicados diarios acerca de los montos de bonos vendidos. Pasa casi desapercibida pero... existir, existe, y cuando haya que pagar intereses sin dudas va a incidir y a elevar los costos. No puede concluir exitosamente una operatoria diaria, constante de más y más deuda al 15% anual en dólares. Nadie puede pagarla. Solo como mecanismo excepcional para aventar un día de muy fuerte corrida porque no hay dólares “cash” para vender podría justificarse. Pero acá desde el BCRA -y con la anuencia del ministro Guzmán- le han “tomado el gustito” a esta historia de dormir al mercado con deuda, deuda y deuda…

Segunda duda: muy correctas las proyecciones oficiales. Muy lógico el cierre de cuentas. Impecable como intento de reaseguro de que después de noviembre solo tendremos un normal diciembre y hasta un aburrido verano financiero. Ahora bien: ¿y qué hacemos con el retraso cambiario? ¿Seguimos retrasando el dólar? Con este dólar la soja es muy competitiva, el resto de los granos también son muy competitivos. Harinas, aceites y otros derivados con poco valor agregado también son competitivos, pero ya no tanto. Pero el resto de los bienes, sean manufacturas agropecuarias o bienes industriales tienen un bajo grado de competitividad. ¿Vamos a acentuar el perfil agroexportador del país?

No se condice para nada con la tradición y la filosofía peronista, y tampoco con las necesidades de largo plazo del país. Pero ese es el mecanismo propuesto por el ministro Guzmán y aceptado por el presidente Fernández para llegar en orden a las elecciones, y ahora, según parece indicar Economía, para después también. ¿Condenamos entonces a la industria y a los productores agropecuarios regionales a trabajar y exportar con bajo o sin margen de ganancias? ¿Cuánto tiempo podrán hacerlo? Ahora queda más clara la incongruencia financiera de calmar al dólar endeudándonos al 15% anual en dólares.

A ese costo financiamos este dólar. Y a este dólar estancamos a la industria, a las economías regionales, y por lo tanto también a los servicios. O sea al país. Nos endeudamos carísimo para generar un dólar que termina sumiendo a los más grandes sectores de la economía al estancamiento. No cierra. Es el reino del revés. María Elena Walsh no lo podría haber imaginado mejor.

Tercera duda: podría sintetizarse magníficamente con aquella frase con la que Bugs Bunny, el conejo de la suerte, terminaba sus episodios, pero en tono de pregunta: “ That’s all folks?” ¿Esto es todo muchachos? Uno puede pensar que la idea de aplicar políticas de corto plazo inconsistentes, como pagar la exorbitancia de 15% por año en dólares, o de mediano plazo contraproducentes como condenar a un país sumido en el desempleo y los bajos salarios a hacerse cada vez más y más dependiente del agro que es poco trabajo-intensivo pueden ser excepcionalmente aplicadas si hay una idea de conectar estas políticas que de por sí no conducen a nada bueno con un programa económico post electoral que sí produzca un real cambio en las expectativas y en la realidad económica. Pero que ahora se nos diga que en el verano post electoral se seguirán colocando bonos de deuda al 15% anual y se seguirá sosteniendo la actual política cambiaria es como que se nos diga que no hay ninguna meta más allá de sobrevivir. Que detrás de esto no hay nada. Eso es lo más llamativo.

No parece haber una clara idea de qué hacer con la economía más allá de las elecciones. Entonces, por simple inercia parece decidirse que seguiremos con las actuales políticas de corto y mediano plazo simplemente adaptadas al largo plazo. Si esa es la idea, es muy probable que tenga que ser cambiada, porque tanto pagar el 15% anual en dólares como presionar a la industria, al agro regional y a los servicios a sobrevivir en un país teniendo una baja rentabilidad no es compatible con reales mejoras económicas apreciables, sino todo lo contrario. Está puesto el carro delante de los caballos hoy en la economía. Pero parece que no se lo quisiera ni siquiera ver. Hay que aplicar políticas exactamente inversas a las actuales. La economía está al revés.

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Walter Graziano y Asociados

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