Duhalde se equivocó por no haber negociado con empresas españolas
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Periodista: ¿Qué tan en serio se deben tomar las críticas del gobierno español y de las empresas españolas ante las decisiones de Eduardo Duhalde?
Ramón Tamames: Creo que siempre hubo desde las dos fuentes un principio de solidaridad, y desde el corazón no como una frase hecha; además de una verdadera voluntad de que la Argentina encuentre un programa sólido para salir de la crisis y así, porqué no, defender la situación de las empresas españolas. Pero lo que sí molestó es que se tomen medidas de incidencia económica muy fuertes a una serie de empresas que apostaron a la Argentina, sin hablarlo previamente y sin negociarlo. Es de sentido común, sobre todo cuando desde la Argentina hay compromisos escritos y solemnes de respetar acuerdos.
P.: Pero era inevitable la negociación de esos contratos luego de una devaluación...
R.T.: No quiero decir que los contratos y acuerdos sean tan sagrados que no se puedan tocar y seguirlos al pie de la letra con una situación tan difícil como la que está pasando la Argentina, pero lo que sí es cierto es que si hay que modificarlos se deben hacer con aceptación de ambas partes. Seguro que se puede negociar, pero lo que no se puede hacer es ignorar que las empresas españolas fueron a la Argentina no para especular, sino para quedarse por una decisión estratégica.
P.: ¿Qué tan lejos pueden llegar las protestas de las empresas españolas por haber alterado las reglas de juego?
R.T.: Pensar en que algunas de estas compañías vaya al tribunal de La Haya o a la Cámara de Comercio Internacional de París es una posición impresentable; y nadie en España la planteó.
Hay un intento de España para negociar y mucha voluntad.
P.: ¿Hay hostilidad contra el gobierno de Eduardo Duhalde en España?
R.T.: Por el contrario. Creo que ahora todos sabemos lo grave de la situación. Esto vale tanto para los argentinos como para los empresarios y el gobierno español. Aznar tiene espíritu de negociación.
P.: ¿Cómo cree que la situación llegó a este punto?
R.T.: Creo que Domingo Cavallo por salvar a su criatura de la convertibilidad, fracasó en su gestión. Aquí le dijimos con letras, pelos y señales que tenía que olvidarse de la caja de conversión y dejar que el peso se pusiera donde debiera ponerse; además de tomar políticas correctivas contra las deudas en dólares de la gente y las empresas. Y, en definitiva, olvidarse de la ficción de que un peso debe valer un dólar.
P.: El gobierno español fue uno de los que más defendieron la vigencia del uno a uno hasta las últimas consecuencias.
R.T.: Es verdad. El gobierno de José María Aznar fue muy contemplativo con Cavallo y dijo públicamente que daría «lo que haga falta» y no les ha dicho las cuatro verdades que había que decirle a las autoridades argentinas; como sí lo hizo el FMI o George W. Bush hace pocos días.
P.: ¿Cuándo usted habla de devaluar, a qué esquema recomienda ir?
R.T.: Inevitablemente a un tipo de cambio flotante. Hay que olvidarse de las referencias y que el cambio se ubique en el nivel de capacidad de compra con pesos en la Argentina. Sé que la decisión de la Argentina no fue ir hacia ese lado por ahora, pero debe ser el objetivo inmediato para establecer el nuevo tipo de cambio.
P.: ¿No cree entonces que pueda sostenerse el valor del peso o dólar 1,4 contra el dólar por mucho tiempo?
R.T.: Sinceramente no. Poner otro valor fijo no sirve para nada. Ya todos saben que el valor real es el 1,7 con que cotiza en libertad. Los españoles, y creo que también los argentinos, saben qué pasa con los mercados dobles. Nosotros lo enterramos en el '92 y en el '95 devaluamos cuatro veces porque nunca se devaluaba lo suficiente en relación con el marco. La devaluación total fue de 35% entre ambas puntas. Pero fue el mercado el que llevó a ese porcentaje y no el mercado doble.
P.: ¿No cree que para la mentalidad de los argentinos se podría poner un precio fijo similar al 1 a 1 con la convertibilidad?
R.T.: El único que podría haber impulsado algo así era el propio Domingo Cavallo en marzo, pasando de una paridad de uno a uno a otra paridad uno a 1,3; y en medio de nuevas negociaciones con el FMI. Pero ahora ya es tarde. Hoy habrá alguien que cree que el precio será de 1,7 y no de 1,3. Por eso lo mejor es que sea el mercado el que le dé el precio al peso. Siempre y cuando, lógicamente, se domine la inflación y el déficit fiscal.
P.: ¿Cómo juzga la actuación del FMI?
R.T.: La actuación del Fondo se ha portado realmente mal con la Argentina. Le cortó los recursos cuando más falta le hacían a la Argentina para no caer por el barranco. Con Turquía, por ejemplo, con una economía peor administrada que la Argentina, hubo ayudas extraordinarias y crédito ilimitado sólo porque se sabe que es un aliado incondicional de los Estados Unidos en medio de un escenario de guerra.
P.: ¿Cómo se portó los EE.UU. con la Argentina?
R.T.: También muy mal. Creo que la administración de George W. Bush no entendió cuál era el problema argentino, quiso dar una lección ilógica y terminó empujando a la Argentina a la crisis. Ahora hay arrepentimiento e incomprensión sobre porqué se llegó a este límite.
P.: ¿Se puede dolarizar la economía?




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