Wall Street: ¿es el final del rally o una prudente escala técnica?

Economía

La historia contemporánea muestra que desde la crisis de los misiles cubanos en 1962 los picos de tensión geopolítica presentan buenas oportunidades de compra. ¿Este será otro buen momento?

Se necesitó un misil. La ironía: fuego amigo. El rally de la Bolsa chocó en las alturas con un raid aéreo aún más agresivo. En ambos extremos, si se quiere, el mismo presidente y comandante Trump. Por un lado, la Casa Blanca rubricará la paz comercial con China -y Xi Jinping- la semana próxima, el miércoles 15. Confirmado. Por otro, y sin mediar preámbulo, el muy influyente general iraní Soleimeni, el destinatario del susodicho misil, cesó en todas sus funciones. Así lo explica Trump: se evitó una guerra. Serían dos, entonces.

Sin embargo, la contabilidad es discutible. Beijing está de acuerdo prima facie (“fase uno”) en hacer las paces y arriar aranceles; Teherán, que no había meditado una confrontación abierta, no está satisfecha y brama por venganza. Otra confirmación: Trump no hace política sin un enemigo. Si va a soltar a China por un tiempo, se desvela por asir otro villano visible. México es la alternativa por defecto, y la más inocua, pero por razones que convendría tener claras, el presidente eligió patear el avispero, a sangre y fuego, en Irán y el Medio Oriente. Trump apuesta fuerte. Perro que ladra no muerde. Y no avisó y mordió. Eligió el blanco, los modos, el tiempo preciso.

¿Asistirá Xi Jinping a la Casa Blanca, la semana que viene, en el revoltijo de las actuales circunstancias? ¿Dará un aval tácito? ¿O dilatará la firma del acuerdo? Dice el presidente que Irán nunca ganó una guerra, pero jamás perdió una negociación. A diferencia de Mambrú, o el finado senador McCain, Trump jamás fue a la guerra. Y no venció ni en la guerra comercial -recordar, aquellas que se ganan fáciles y rápidas- ya que prefirió la paz antes que la disputa con China llegase a mayores, y, recesión mediante, le arruinara la reelección en noviembre.

Si se revisa el enfrentamiento con Corea del Norte, no se advierte un resultado definido. Y la pugna con Canadá y México terminó, sin vencedores ni vencidos, con una versión 2.0 del Nafta (llamada USMC), no muy distinta de lo que sería el Tratado TPP que el propio mandatario tiró al cesto de basura al asumir. Digamos, pues, que las batallas que promueve Trump no son guerras de verdad salvo ante la opinión pública. Pero, aunque no las gane, se sale con la suya. Trump no ganó tampoco la elección, sí lo que de veras importa, la carrera presidencial. Además, si se tiene en cuenta el impeachment, se comprenderá que a veces lo que vale es no perder. Guste o no, el presidente hace política internacional -con las facultades delegadas por el Congreso- como una herramienta al servicio de la política doméstica. Ya se dijo. Apuesta fuerte. Como nunca: la sangre hace diferencia. ¿Tiene todas las cartas consigo (como dice tener 52 blancos ubicados en Irán a modo de respuesta ante una venganza)? No. Que conste que fundió casinos siendo banca.

Los mercados desensillaron. El S&P 500 cayó 0,7% el viernes con el conocimiento de la noticia. La volatilidad implícita de las acciones -medidas por el VIX- rebotó 12% pero a un nivel moderado, 14, muy lejos del umbral de la intranquilidad, 20. La geopolítica no es una materia que interese sobremanera. Si se puede, se la ignora. Y está revuelta y sin brújula hace años. En otras palabras, el rally de las Bolsas se desplegó a sus espaldas. Y ahora se pone de frente, no hay cómo no verla: el ayatolá promete el ojo por ojo, los estadounidenses en Irak quedaron librados a su suerte, el dictador norcoreano amenaza con volver a jugar con sus misiles de largo alcance, Turquía incursiona en Libia. ¿Habrá que incorporar esa madeja de conflictos sin solución en las cotizaciones? No le pidan a la Fed de Jerome Powell que haga milagros. ¿O se podrá volver a la programación habitual y sintonizar el mismo canal de antes? El ataque de drones que destruyó la mitad de la capacidad de refinación de crudo de Arabia Saudita en septiembre fue un sarpullido que molestó un par de días, y se olvidó. La Guerra del Golfo en 1990 volteó 20% a Wall Street. ¿Cuál de los dos modelos de zozobra nos cabe? ¿Toca hacer una escala técnica, recomendada de mucho antes y que ahora encuentra razón adicional? ¿O es el final del rally? Lo primero caería de maduro. Lo segundo requiere escalar hostilidades pronto (y la venganza es un plato que frío sabe mejor).

Desde la crisis de los misiles cubanos de 1962, la historia enseña que los picos de tensión geopolítica son buenos momentos de compra, à la Rotschild: 12 meses más tarde, los retornos promedio de la Bolsa son de 16% (y la mediana, 21%). Claro que hay excepciones penosas: la Guerra de Yom Kippur de 1973 (-28%) y el ataque a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 (-20%).

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